Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 21 de julio de 2024 XVI Domingo del Tiempo Ordinario

“Al bajar Jesús de la barca vio la multitud y sintió compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor y comenzó a enseñarles muchas cosas” Marcos 6, 34

Hermanos,

Si hemos escuchado, atendido bien las lecturas de hoy, vemos que hay un tema que es transversal; es decir, todas las lecturas lo tocan, cada una con un ámbito diferente, en un enfoque diferente. Pero en el fondo es el mismo, el tema de la autoridad, claro está, recordemos que este mismo libro de Jeremías fue escrito para un pueblo que era casi totalmente formado por pastores; era cuando el pueblo de Israel comenzaba a asentarse en las ciudades, pero tenía una cultura completamente pastoril.

Por eso el Señor, Dios, que entre la cosa que se decimos que Buen Pastor, es que nos entiende, y entonces cada época en cada época nos ha dado pastores que nos ayuden a entender bien cuál es su voluntad, adaptándose a nuestras circunstancias. Nosotros vemos como cuando él quiere hablar de la autoridad y de la presencia de Dios, del amor de Dios para con el pueblo, de cómo Dios quiere conducir al pueblo, él utiliza pues, ejemplos entendibles, y en este caso utiliza el ejemplo del pastor.

Ellos vivían del pastoreo, en el pastoreo como sabemos, siempre es bueno recordarlo, se vivía de las ovejas, de ellas se sacaba todo, la leche, la carne, el mismo calor, cuando se metían en las casas que las ovejas producían calor, y por lo tanto para ellos, el tener un rebaño de ovejas era una riqueza tremenda, tenían que ser buenos pastores. Tenían que ser esos pastores que cuando venía el tiempo de seca, dejaban los lugares cercanos y se iban a donde había buen pasto y agua frescas, tenían que ser buenos pastores que eran capaz de defenderlas ante los lobos, tenían que ser buenos pastores que cuando llegaba la noche las metían en el redil para protegerlas de los ladrones y de los lobos también.

Entonces esa imagen, de que alguien que tiene autoridad tiene que ser como un buen pastor que sabe guiar las ovejas, cuidar las ovejas, conducirlas, eso estaba claro y era muy entendible, muy entendible. En este texto de Jeremías se habla de los pastores malos y de los pastores buenos, más bien no tanto malos y buenos, sino de la responsabilidad del pastor.

El salmo, es el salmo del Buen Pastor, el Salmo 22 que tanto nos gusta y que rezamos frecuentemente, sobre todo, fíjense bien, me he dado cuenta de que se reza mucho cuando vamos a algún funeral, como pidiéndole al Señor que conduzca a este hermano nuestro fallecido, lo conduzca como un buen pastor al regazo de Dios.

En el Evangelio, el Señor también dice que los fieles, como las ovejas necesitan a alguien que les guíe, porque muchas veces no saben a dónde ir, ni a quién acudir. Y entonces Él dice, que los veía que estaban desorientados como ovejas que no tienen pastor. Ese es el tema transversal, que es la autoridad en el pastoreo, cómo conducirlas, cómo llevarlas.

Pero la segunda carta, es de la Carta a los Efesios, y en esta carta a los Efesios habla de Jesús de una manera que creo que debemos recordar algunas frases que son como claves, porque nos van a servir en la vida, nos van a servir mucho en la vida. Recordemos que el domingo pasado nosotros también leímos un fragmento de la carta a los Efesios, que se decía que nosotros habíamos sido engendrados por Dios desde antes de crear el mundo, y que por lo tanto habíamos sido creados por Dios, en Dios para Él, y para el final estar junto con Él, y que nos había creado para ser sus hijos, no una simple criatura, sus hijos, y por lo tanto herederos.

Eso es lo que nos decía el domingo pasado, pero hoy toca un tema que es el tema de que Cristo es la paz y lo dice así claramente, “miren como ahora en Cristo Jesús y por su sangre, ustedes el pueblo entero, que estaban lejos, han venido a estar cerca porque Cristo es nuestra paz”. Hermanos estas son frases que uno tiene que conservarlas, porque en los momentos duros de la vida tenemos que saber invocar, y sabemos cómo invocarlo, y precisamente esto, Cristo Señor, Tú eres mi paz, consuela mi alma, consuela mi espíritu.

Y sigue así. “Porque Cristo es nuestra paz, el que de aquellos dos pueblos ha hecho uno solo”, toda unidad, toda convergencia, toda acción común, todo aquello que lleve a la reconciliación, eso se da en Cristo y por Cristo, porque Él es nuestra paz. Él no puede llevarnos a otra cosa. ¿Y cómo lo hizo, cómo lo logró? Entregándose a sí mismo como un buen pastor hace por las ovejas, que es capaz de entregarse. Él es nuestra paz, que ha reconciliado en Cristo a los dos pueblos que estaban divididos. cuando Pablo escribía esto a los Efesios que no eran judíos, él tenía bien, claro, esa diferencia esa división entre los judíos herederos de la promesa y los otros pueblos que muchas veces los judíos despreciaban, porque no eran como ellos.

Y así el Señor empieza a decir, eso, que está dividido, ya en Cristo no puede ser porque tanto unos como otros, y es una frase linda, porque los que vinieron después, los que llegaron después, tienen tanto derecho y son iguales a los que desde hace tiempo ya estaban. No hay distinción, en Cristo se nos hace un solo hombre en Él y ya, no somos dos pueblos, sino un solo pueblo. Entonces, hermanos, tenemos que tenerlo en cuenta, porque muchas veces decimos, dónde yo puedo encontrar que haya paz, en Cristo el Señor que Él es mi paz. ¿Cómo lo logro? Tratando limitarlo y hacer lo que él quiere, pues bien, vamos a tener eso ahí.

El Señor es mi pastor nada me falta. La autoridad. Ustedes saben bien que hay una frase que hay veces que cuesta trabajo entenderla, que dice, toda autoridad viene de Dios. Qué cosa, es cuando nosotros vemos que tantas veces la autoridad se manifiesta haciendo todo lo contrario de lo que Dios quiere. Pero toda autoridad viene de Dios, por lo tanto, más responsabilidad tienen los que ejercen la autoridad, que los que no la tienen, ¿por qué? Porque el decir que la autoridad viene de Dios, significa que el Señor nos ha puesto ahí, a los que tienen autoridad, para ejercerla según Él. ¿Cómo le ejerce Él? Como el Buen Pastor que es capaz de dar la vida por sus ovejas, procurando siempre el bien.

La autoridad no es para que el que la ejerza, la ejerza como él quiera y entienda. La autoridad viene de Dios, y toda autoridad viene de Dios para que siempre se ejerza haciendo el bien de las personas, y no el capricho, o lo que entiende, o la manera de pensar, o la ideología, o lo que sea, o el poder, o la herencia, los ancestros. La autoridad hay que ejercerla según Dios, y ahí entra toda autoridad. La autoridad del padre viene de Dios, y el padre tiene que ejercerla según la Palabra de Dios y debe hacerlo. Triste es el pueblo, y desgraciadamente lo estamos viendo en varias sociedades occidentales que se dicen muy civilizadas, que una de las cosas que están pidiendo es que se le arrebate o por lo menos tratan de ponerlo en leyes, el derecho a los padres a educar a sus hijos según su conciencia.

Toda autoridad viene de Dios, la de los obispos y los sacerdotes, porque para algo el Señor nos ha puesto y nos ha elegido a través de la Iglesia. ¿Para hacer nuestros caprichos? No, para ser servidores del pueblo, porque para eso hemos sido escogidos por Dios, como Él escogió a los apóstoles para continuar su obra, Él nos escoge a nosotros para continuar su obra. Siempre la autoridad hay que ejercerla según Dios y no según nuestros caprichos.

La autoridad civil viene de Dios, el Señor permite que los que ejercen la autoridad estén ahí, pero para que le ejercen según Él, buscando el bien de cada persona, procurando que las ovejas no se dispersen, procurando la unidad. El Señor vino a unir lo que estaba dividido, así debe ser alguien que ejerza la autoridad en lo civil, y ahí podemos sacar todas las autoridades que se nos ocurran, todas, el maestro en la escuela, el director de una empresa, el que dirige un organismo de cultura… Hermanos así hay que hacerlo.

El que la autoridad viene de Dios, tiene un parecido, vamos a decirlo así, una semejanza cuando hablamos de la libertad. El Señor nos hace libres, maravilla, y la verdad les hace libres, maravilla solo dice el Evangelio. Pero, ¿de qué libertad se habla aquí? De la libertad verdadera, pero la libertad verdadera que el Señor nos ha dado en la creación cuando nos ha hecho hombre o mujer, es la libertad para hacer el bien. Nosotros no somos libres para hacer el mal, nadie puede ser libre para hacer el mal. Nadie puede tener autoridad para hacer el mal, nadie.

Esas son cosas como claras que uno tiene que tener, mi libertad es para ejercer el bien. La autoridad que yo puedo detentar es para hacer el bien. Hermanos, así es y eso es lo que nos están diciendo las lecturas de hoy. ¿Cómo nosotros ejercemos la autoridad? Cómo los pueblos sufren cuando la autoridad no está basada en estos principios, cómo sufren. Lo podemos ver diariamente entre nosotros.

Hermano vamos a pedirle al Señor, que nos dé la gracia de ser libres conociendo la verdad que es Cristo, que es nuestra paz, que reconcilia a dos pueblos. Vamos a pedir al Señor eso. Que el Señor nos dé la gracia de saber ejercer la autoridad y de una manera u otra todos la ejerceremos en la vida, de una manera u otra, siempre procurando el bien, siempre.

Que Dios nos ayude a vivir así en nuestras vidas, que lo recordemos siempre que el Señor viene unir lo que estaba dividido y que Él es nuestra paz. Es nuestra paz.

Uno de los pasajes más bellos de la Biblia es el evangelio cuando el Señor ve al pueblo desesperado, que Él se iba para un lado y la gente le seguía, y se iba a coger una lancha iba para el otro lado y la gente le seguía, y lo esperaba en la orilla, este pueblo está como, vaya así despistado, confundido, este pueblo necesita un pastor. Nosotros necesitamos un Pastor, mi familia, yo, necesito un Pastor, mi familia necesita un Pastor, mi comunidad necesita un Pastor, nuestro pueblo necesita un Pastor, el mundo necesita un Pastor, que es Cristo que es nuestra paz, porque si no…

Hay una situación en el mundo que constantemente nos recuerda, de que, si nos dejamos llegar por las ansias de pasión por las diferencias que hay entre los hombres, nunca llegaremos a la paz, y nosotros todos hemos sido creados para vivir y desear la paz. Pidámosle al Señor, Señor, ayúdame Señor a tenerte a ti como el que engendra la paz, ayúdame a seguirte, y ayúdame a que todos te tengamos a ti como el Pastor. No nos dejemos equivocar. Amén.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 21 de julio de 2024 XVI Domingo del Tiempo Ordinario

  1. Neidys GRACIAS!! Gracias por las oraciones GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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