Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el 28 de julio de 2024, XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, su obispo y amigo.

Eliseo y Jesús son las dos grandes figuras (distintas entre sí) que protagonizan la primera lectura y el evangelio de hoy. Ambos realizan grandes signos que intentan orientar a la gente hacia Dios. El pan que multiplican contiene una fuerza divina y sacia todo tipo de hambres, físicas y espirituales. El Dios que se revela a través de estos signos es un Dios Padre que nos ha llamado a vivir en comunión. El autor de la carta a los Efesios ofrece algunas exhortaciones prácticas para llegar a dicha unidad de vida.

Nosotros muchas veces actuamos como los discípulos: no sabemos qué hacer con tantas personas que se acercan a nosotros presentándole sus necesidades, y entonces sólo los presentamos a Dios, y quedamos sorprendidos cuando sentimos que la respuesta divina se dirige precisamente a nosotros. ¿Qué hago yo por ellos?

Otras somos como el niño que entregó lo que tenía para ayudar en algo: «Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero qué es esto para tantos».

 A Dios no le importa las cantidades numéricas ostentosas. Lo que le importa es la intención sincera dentro de nosotros al hacer un acto de donación.

Pero, ¿a qué puedo llamar un acto de donación? ¿Cómo saber si he hecho un acto sincero de ofrenda? La donación no sólo es dar limosna, o dar de comer al hambriento, sino el dar un poco de mi tiempo, ofrecerme para alguna actividad, etc. Son infinitas las ocasiones para donarnos a nuestros hermanos. Un acto de donación excelente se puede demostrar cuando vemos que en realidad nos ha costado. Sea poco o mucho. La cantidad no importa. Lo importante es dar con alegría y amor.

Algunas veces confundimos la generosidad o la donación con dar algo que nos sobra. La verdadera ofrenda es dar algo de nosotros mismos, algo que nos cuesta. Tenemos el ejemplo de hoy del joven que llevaba consigo sus peces y sus panes, para comer. Sin embargo los donó. Fue poco en cantidad. Hasta el apóstol exclamó «qué es esto para tantos», sin embargo era todo lo que poseía, y así lo puso en manos de Cristo. Y Cristo al recibirlo no se fijó en la cantidad, Él multiplicó en abundancia lo que le ofrecieron, para que todos comieran de esta donación total del muchacho que ofreció todo lo que poseía.

Por ello, demos siempre no de lo que nos sobra, sino de aquello que nos cuesta dar. Y la mayoría de las veces lo que más nos cuesta dar es a nosotros mismos, para hacer felices a los demás.

Sin reparto de comida y de justicia no hay buena noticia, no hay comunidad, no hay Eucaristía. Señor, ¡tanta gente hoy tiene hambre! Yo mismo me descubro un buscador del verdadero pan de vida. Que no permanezcamos indiferentes a todo ello. Que no dejemos de darnos, de gastarnos, de vincularnos unos con otros, de sentir y vivir juntos. Que hagamos posible el milagro de compartir.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el 28 de julio de 2024, XVII Domingo del Tiempo Ordinario

  1. Neidys Gracias por las oraciones GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


    Me gusta

Replica a Rene M Smith Cancelar la respuesta