Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez,  Arzobispo de Camagüey, el domingo 28 de julio de 2024, XVII del Tiempo Ordinario

Amables oyentes: De todos los hechos realizados por Jesús durante su actividad profética, el más recordado por las primeras comunidades cristianas fue seguramente una comida multitudinaria organizada por él en medio del campo, en las cercanías del lago de Galilea. Es el único episodio recogido en los 4 evangelios.

El contenido del relato es de una gran riqueza. Siguiendo su costumbre, el evangelio de Juan no lo llama «milagro» sino «signo». Con ello nos invita a no quedarnos en los hechos que se narran, sino a descubrir desde la fe un sentido más profundo.

Jesús ocupa el lugar central. Nadie le pide que intervenga. Es él mismo quien intuye el hambre de aquella gente y plantea la necesidad de alimentarla. Es conmovedor saber que Jesús no solo alimentaba a la gente con la Buena Noticia de Dios, sino que le preocupaba también el hambre de sus hijos.

¿Cómo alimentar en medio del campo a una muchedumbre? Los discípulos no encuentran ninguna solución. Felipe dice que no se puede pensar en comprar pan, pues no tienen dinero. Andrés piensa que se podría compartir lo que hay, pero solo un muchacho tiene cinco panes y un par de peces. ¿Qué es eso para tantos?

Para Jesús es suficiente. Ese joven, sin nombre ni rostro, va hacer posible lo que parece imposible. Su disponibilidad para compartir todo lo que tiene es el camino para alimentar a aquella gente. Jesús hará lo demás. Toma en sus manos los panes del joven, da gracias a Dios y comienza a «repartirlos» entre todos.

La escena es fascinante. Una muchedumbre, sentada sobre la hierba verde del campo, compartiendo una comida gratuita un día de primavera. No es un banquete de ricos. No hay vino ni carne. Es la comida sencilla de la gente que vive junto al lago: pan de cebada y pescado. Una comida fraterna servida por Jesús a todos gracias al gesto generoso de un joven.

Esta comida compartida era para los primeros cristianos un símbolo atractivo de la comunidad nacida de Jesús para construir una humanidad nueva y fraterna. Les evocaba, al mismo tiempo, la eucaristía que celebraban cada domingo para alimentarse del espíritu y la fuerza de Jesús, el Pan vivo venido de Dios.

¿Qué nos puede indicar el gesto del joven? Que si hay hambre en el mundo, no es por escasez de alimentos, sino por falta de solidaridad. Hay pan para todos, falta generosidad para compartirlo. Hemos dejado la marcha del mundo en manos del poder económico inhumano, nos da miedo compartir lo que tenemos, y la gente se muere de hambre por nuestro egoísmo irracional.

El evangelista Juan termina su relato de la multiplicación de los panes con un detalle al que apenas se le suele dar importancia, pero que ofrece la clave para evitar una interpretación equivocada de la misión de Jesús.

Los que han comido pan hasta saciarse, al descubrir que Jesús puede resolver sus necesidades sin esfuerzo alguno por su parte, van en su busca para que aquello no acabe. Quieren que Jesús sea el rey que siga solucionando sus problemas. Y es entonces precisamente cuando Jesús desaparece.

La misión de Cristo no es solucionar de manera inmediata los problemas de alimentación, bienestar o progreso, que los hombres tienen que resolver utilizando su inteligencia y sus fuerzas. Lo que Jesús ofrece no son soluciones mágicas a los problemas, sino un sentido último y una esperanza que pueden orientar el esfuerzo y la vida entera del ser humano.

La religión aporta sentido, libera del vacío interior y la desorientación existencial, ayuda a vivir en la verdad consigo mismo y con los demás, permite integrar la vida desde una esperanza última. Pero esa misma fe exige al hombre asumir su propia responsabilidad y luchar por una vida más humana, sin dejar la solución de los problemas en manos de Dios.

Hagamos nosotros nuestra parte, que Dios hará la suya. O como dice nuestro sabio refrán: “Ayúdate, que Dios te ayudará”. A ti y a mí nos toca hacer lo posible, que Dios hará lo imposible.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Wilfredo Pino Estévez,  Arzobispo de Camagüey, el domingo 28 de julio de 2024, XVII del Tiempo Ordinario

  1. Neidys Gracias por las oraciones GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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