“Y Jesús les dijo, yo soy el pan que da vida, el que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed” Juan 6, 35
Hermanos,
Porque ya somos habituales en esta misa de los domingos desde El Cobre y bueno, los que van a las iglesias católicas en el mundo entero, en los lugares donde hay paz y en los lugares donde hay situaciones difíciles, como puede ser el Medio Oriente, como puede ser Venezuela en estos momentos únicos. Todos hemos leído esas mismas lecturas, y sabemos que llevamos dos o tres semanas ya escuchando, siguiendo, dos lecturas principales que es el capítulo sexto de San Juan, y también la carta de Pablo a los Efesios.
Y es bueno porque así uno va siguiendo de domingo en domingo la Palabra de Dios, y también sabemos que la Palabra de Dios en sí, el Evangelio, es una gran catequesis sobre la vida de Jesús, que nace los hechos fundamentales, las palabras fundamentales de su vida, lo que Él quiso que nosotros conociéramos.
El Antiguo Testamento es el que nos va preparando para el Nuevo Testamento, por eso es que nosotros en este evangelio que hemos escuchado, vemos como el pueblo le recuerda a Jesús aquel pasaje allá en el desierto, cuando el pueblo de Israel escapa de Egipto, en el cual el Señor les dio el maná. Entonces dice, el Señor nos dio el pan del cielo, es decir ahí en esa frase, ahí, se establece el lazo la relación entre, aquella salvación que vino del Señor que le dio el pan en aquellos momentos de dificultad en el que estaban luchando por su liberación, y este momento en el que Jesús se proclama como que Él es el verdadero pan del cielo que libera de las asechanzas del pecado de esta vida limitada que está acotada en el tiempo para los que no creen el Señor, y esa vida eterna que le da a todos los que crean que Él es el Hijo de Dios, que Él es el Ungido, que Él es el Pan del cielo.
Es decir, aquel pasaje del Antiguo Testamento en un momento de liberación en el que el pueblo sale de Egipto, que se va al desierto obedeciendo al Señor, en que se siente desamparado, no tienen alimento, las alimañas del desierto les atacan, que no comen, no tienen y entonces viene la desesperación, y las maledicencias, ¿para eso nos sacaron de Egipto, para eso fue? Y el Señor bueno, pues se compadece de ese pueblo y dice bueno, pues ustedes tendrán pan del cielo. Y es ahí donde nosotros vemos aquella bandada de codornices y ellos se sacian de carne, y vemos ese maná que es el que les salva, el que le da sustento, precisamente la palabra es esa, que interesante es eso, ¿qué es esto?, es el pan que viene de Dios.
Entonces, hermanos fijémonos que aquel texto que el pueblo de Israel guardó en su memoria pasando siglos, milenios, y lo guardó porque fue un hecho clave, fundamental en su vida, ese hecho se materializa o se completa en la persona de Jesús. A aquel le dieron el pan que les salvaba en el tiempo, pero morirían en el desierto muchos. Dice que los que salieron, la inmensa mayoría no llegó, murieron y comieron el pan que baja del cielo; pero el Señor Jesús viene ahora y dice, yo soy el verdadero Pan del Cielo, el que cree en mí tendrá vida eterna, porque yo soy el Pan de Vida, ya ha bajado del cielo.
Hermanos ese es Jesús, que para todo judío de aquella época encendía bien lo que Él les quería decir, lo entendían y muchas veces se preguntaban, y ¿cómo podrá ser? Porque muchos, lo vamos a ver el domingo que viene seguro, muchos se preguntaban y cómo este nos puede dar el pan del cielo, cómo este se puede dar de comer. Pero Jesús todo lo puede, si hizo bajar el maná, ¿cómo él no se va a dar para que nosotros vivamos? Lo importante es que nosotros le reconozcamos como el Pan de Vida. Eso es importante.
Aquel pueblo se sació del maná en el desierto, que era pan que le daba para una vida que al otro día tendrían hambre de nuevo, el pan que Dios da sacia para siempre. Entonces, ¿dónde está nuestra respuesta a esto? ¿Dónde está nuestro agradecimiento? Aquel pueblo agradecido dijo, gracias Señor por el maná; y nosotros decimos, gracias Señor porque te entregaste en la cruz y en, la Última Cena te hiciste carne en el pan y el vino, sacramentalmente para que te la recibamos. Eso es lo que nosotros tenemos ahora tenemos que preguntarnos, ¿qué hacemos?
y ya que estamos en este contexto eucarístico, es decir hablando del capítulo 6 de San Juan, y en medio de una eucaristía en la que el Señor se hace presente, entonces nosotros tenemos que preguntarnos, ¿y yo, qué relación tengo yo con Jesús Eucaristía, que es el Pan Vivo que ha bajado del cielo? Señor ven a nosotros decimos constantemente, y el Señor dirá, yo me ofrezco en la Eucaristía, en cada misa, ¿qué haces? ¿Me recibes, te preparas para recibirme, me tienes en tu corazón? ¿Tú dejas, aunque sea a la semana o quince días, para pasar por un templo abierto en el que esté el Sagrario, y te arrodillas delante del Sagrario humildemente? y dices, Señor, tú estás aquí y Tú eres el Pan de Vida y para la vida eterna. Ahí ante el Sagrario.
¿Me motiva y lucho, y procuro los domingos no faltar a misa? Porque sabemos que es Cristo que se ofrece, el único sacrificio de Cristo que se renueva aquí en la Eucaristía. Hermano estas semanas vamos a preguntarnos, ¿y mi relación con Dios, con Jesús Eucaristía cómo está? Fíjense bien que esta fe, que es la fe de la Iglesia de siempre, desde los apóstoles, está basada en la misma Eucaristía. Los cuatro evangelios hablan de la Última Cena, los tres primeros y aquí San Juan lo que hace. Es un gran discurso y catequesis sobre la Eucaristía.
Entonces tenemos que preguntarnos. Muchos de lo que oyen esta misa, son personas que no pueden ir a los templos por x motivos. Hay veces que pueden ir tal vez, pero hay veces que no pueden, entonces, qué es bueno que tienen la Eucaristía para verla y participar. Y otros, que después de la pandemia, bueno, pues gracias a Dios tuvieron la posibilidad por estas técnicas modernas de también participar.
Pero ustedes yo les preguntaría hoy mismo, y qué hacen, qué hacemos, para no solamente contentarnos con participar virtualmente de la Eucaristía, que ya es bueno. ¿Procuramos ir al templo? ¿Procuramos recibir a Cristo Eucaristía? ¿Procuramos comulgar, y recibir ese pan ese que ha bajado del cielo que es Cristo, el Señor, que me alimenta para la vida eterna? ¿Cómo me preparo yo para ir a la misa para recibir la Eucaristía, qué hago?
Hermanos, estamos ante un gran misterio, que es el misterio que Dios se hace hombre, y no solamente se hace hombre, sino también se queda para las generaciones futuras aquí sacramentalmente. ¿Cómo nosotros nos disponemos a participar de la Eucaristía? ¿Me contento con la misa dominical aun pudiendo ir a la misa en mi comunidad? Estas son preguntas que el Señor nos hace.
En aquel momento los discípulos tendrían preguntas, en aquel otro momento aquella gente con hambre, le hacía preguntas al Señor. Ahora nosotros nos preguntamos, ¿y yo qué hago ante el Señor que se me ofrece? Yo sé que está ahí, pero, ¿me contento con saberlo y no con acercarme a Él? Sí hermanos, es un momento de encuentro con el Señor.
Eso es lo que nos dice esta la primera lectura del éxodo y esta lectura de la vida de Jesús, que tienen tanta relación una con otra, una de las referencias a lo que después iba a ocurrir con Jesús, que se entrega por nosotros en el pan eucarístico.
La segunda lectura es de la carta a los Efesios, que yo les he dicho desde el primer domingo hace casi un mes, hace tres domingos anteriores, que la lean. Es una carta preciosa y voy a repetir un poco, que Pablo escribió cuando se iba a Roma al martirio. Y en esa carta el Señor nos dice, hermanos, vayan a dónde deben de ir, no se dejen llevar por el mundo, el mundo los aparta, no le interesa, les quiere apartar, dedíquenle a Dios lo que es de Dios. Y nuestra vida es de Dios, y nuestro tiempo es de Dios, además un tiempo que Él nos regaló. No lo pedimos, nos lo dio. Entreguémosle, haciendo el bien, luchando por la verdad, por la vida, pero también acercándonos a Él y decirle, gracias, Señor, yo también tengo que dedicar parte de mi tiempo a acercarme a Ti, agradecerte, y adorarte.
¿Hacemos esto, en mi casa, en los templos, en los grupos de amigos? ¿Dedicamos un tiempo a la oración? El Señor nos pide eso. Acojamos el Señor que Pan de Vida, y Él es vida para la vida eterna. No para pasado mañana, para la vida eterna.
Que el Señor nos ayude a vivir así.

N eidys GRACIAS!!!!!!! Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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