Jóvenes oraron al estilo Taizé en La Habana.

Durante todo el día del pasado sábado 3 de agosto, jóvenes de la arquidiócesis se dieron cita en el teatro «Pedro Arrupe» del Centro Loyola Reina de La Habana. Con el deseo de reconocer a Dios en medio de las situaciones que viven, practicaron la experiencia que propone la comunidad de Taizé; consistente en escuchar la Palabra de Dios, escucharse los unos a los otros, y en el silencio interior, meditar un poderoso mensaje: «Cristo, nuestra esperanza». Sentados en el piso como gesto de humildad ante Dios, practicando la contemplación y la repetición de cantos, rezaron con esta propuesta de oración. Novedosa para la mayoría de ellos. Les acompañaron tres hermanos, monjes de la comunidad de Taizé.

Comunidad que desde hace 8 años tiene presencia en Cuba, y que a petición del Obispo de Matanzas ha compartido parte de su carisma con jóvenes de Santa Clara, Ciego de Ávila y más recientemente en la Jornada Nacional de la Juventud en la diócesis de Matanzas. Este sábado los hermanos han organizado por primera vez un encuentro de este tipo para los jóvenes habaneros. A la convocatoria respondieron alrededor de 50 participantes entre religiosas y miembros de la Pastoral Juvenil de La Habana, Pastoral Juvenil Ignaciana, el Movimiento de los Focolares, el Movimiento Juvenil Dominicano y la Comunidad de San Egidio, entre otros. Para enriquecer la meditación y el intercambio comunitario, que han sido concebidos desde los orígenes de Taizé a manera de vivencia ecuménica de la fe, también se agradeció la presencia de dos jóvenes de denominación Bautista y del Reverendo Alain Montano, Presidente de la Sociedad Bíblica Cubana.

Los momentos profundos de oración, marcados por la comunicación personal y comunitaria con Jesús; fueron intercalados con el compartir en grupos, donde los jóvenes hablaron sobre sus dificultades, miedos, o los momentos en que han sentido más nítida la presencia de Dios. Igualmente, conversaron sobre el lugar de la oración y la caridad en sus vidas, y el modo en que veían el servicio como signo de esperanza. Muchos de estos jóvenes en sus comunidades particulares llevan alimentos a los más necesitados, acompañan ancianos, o han asumido responsabilidades en el hogar a muy corta edad porque sus familiares migraron. Alguno que otro ha sufrido rechazo, discriminación, desaliento… Pero en medio de ello, son capaces de identificar a Jesús como el fundamento de sus vidas. Fuente de consuelo y paz verdadera. A la luz de las velas, junto a los iconos y entre cantos, agradecieron la permanencia de un Dios íntimo, que los conoce y abraza. Que se revela cercano y amoroso en estos momentos de silencio y oración.

La comunidad de Taizé, fundada durante la Segunda Guerra Mundial por el teólogo suizo, Hermano Roger Schutz, cuenta con religiosos en alrededor de 30 países. Pero su sitio fundacional, localizado en el poblado francés de Taizé, recibe anualmente a miles de jóvenes -fundamentalmente de Europa- interesados en vivir la austeridad, la humildad y la comunión con Dios junto a sus pares de diversos lugares del mundo. Hablamos de un estilo de oración que crece con fuerza, despertando el interés de muchos cristianos, y que ahora abrazan con gratitud estos jóvenes habaneros. Quienes al final de la jornada han hecho preguntas a los monjes sobre la comunidad, sus fundamentos, y la posibilidad de que existan más encuentros similares. Animados por replicar este diálogo orante, que les invita a hacer examen interior y a distanciarse un poco de los ruidos de la cotidianidad, para dar mayor espacio al Señor.

Un comentario sobre “Jóvenes oraron al estilo Taizé en La Habana.

  1. GRACIAS!!!! MARAVILLOSO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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