Mensaje radial de Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín, en el XVII Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de julio de 2024

Queridos hermanos y amigos, hoy la Iglesia Católica celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, por eso el domingo pasado y también hoy hemos compartido la iluminación bíblica y las invitaciones concretas que el Papa Francisco nos dirige en el mensaje enviado por él para esta ocasión.

El pasado viernes celebramos la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de María, la madre de Jesús, y por lo tanto hemos rezado y dado gracias por esta generación que como acostumbramos a decir ya peina canas y ocupa un lugar tan importante en nuestras familias, comunidades y sociedad.

En días pasados, en la cuadra del Obispado había unos muchachos jugando en la calle, pateando un balón. En eso una persona mayor iba caminando por la acera y les dijo que dejaran de jugar un momento para ella cruzar la calle. Uno de los niños le dijo al que estaba cerca de ella: Dale la mano a la viejita y ayúdala a cruzar.

Yo estaba en el portal del Obispado y también al momento bajé los dos escalones y me dirigí a los dos muchachitos y los besé, dándoles las gracias por la iniciativa y por el gesto de respeto y caridad. Pero me callé lo que más me llamó la atención y es ahora cuando comparto lo que más me tocó el corazón: fue el diminutivo, cuando dijo “dale la mano a la viejita”. Ese ita guarda un caudal de valores que alguien tiene que haberle enseñado, ya sea con palabras o con el propio testimonio de su vida. Esa es tarea nuestra. Enseñar virtudes y valores, tal como hacíamos en los talleres “ViVa”.

Les propongo que hoy demos gracias a Dios, entre muchas personas, en primer lugar a los médicos geriatras y por seguir la enseñanza de un especialista también a los gerontólogos, son médicos y personas cualificadas que toman entre sus manos, las manos arrugadas de sus pacientes; les miran a los ojos, los escuchan y les dicen mi viejito o mi viejita, o abuelito o abuelita.

Gracias al personal que trabaja en los hogares de ancianos de nuestros municipios: directivos, enfermeras, auxiliares generales, cocineros, asistentes sociales…, sepan que rezamos por ustedes porque sabemos lo que ello significa y que no siempre reciben el reconocimiento que merecen.

Miro ahora hacia adentro de la Iglesia y valoramos la acción que realiza el Programa para Personas Mayores de Cáritas, motivando y ayudando para que los destinatarios no se queden encerraditos en sus preocupaciones, sino que socialicen y se relacionen con los demás; recemos para que cuanto antes la Casa de la Divina Misericordia pueda tener el reconocimiento y respaldo necesario para prestar este servicio que tantos extrañan y solicitan.

Lo que he expresado está estrechamente vinculado con el Evangelio de hoy, ya que cuando participamos en la Eucaristía, en la misa y en la comunión tendríamos que sentirnos llamados a compartir lo que tenemos con los otros que lo necesitan y con quienes tenemos en nuestra propia cuadra o al doblar de la esquina. No importa que sea poco. Eso es lo que anuncia el gesto de Jesús al multiplicar los cinco panes y los dos peces.

La comunión del cuerpo de Cristo está llamada a hacer la comunión fraterna; en la medida que nosotros convirtamos la Eucaristía en gestos de fraternidad, nuestras celebraciones cobrarán un mayor sentido.

El próximo domingo, 4 de agosto, es el Día del Párroco. El sacerdote es quien preside la celebración eucarística en nuestras comunidades. No esperemos a que llegue el domingo para orar por él, por su fidelidad a la vocación a la que Dios lo ha llamado, por su disposición a servirnos y con nosotros hacer comunidad.

Y junto a ellos, interesémonos por quienes en nuestra comunidad prestan el servicio del ministerio extraordinario de la comunión. Esa mujer mayor que va al templo en silencio, pone tres hostias consagradas en el estuchito del portaviático para llevarle la comunión del cuerpo de Cristo a tres hermanos o hermanas enfermos o impedidos que no pueden participar físicamente en la comunidad y lo interesante es que al día siguiente vuelve a hacer lo mismo para visitar y llevar la comunión a otros enfermos, generalmente personas ancianas y limitadas.

Sí, queridos hermanos y amigos, el Pan de la Eucaristía nos alimenta y fortalece para que pongamos en práctica el amor. Y hacerlo con generosidad y sin llamar la atención. Así es como hacemos común unidad. Y esta es la primera llamada que nos hace el Plan Pastoral de nuestra Iglesia en Cuba: hacer comunidad, hacer fraternidad.

Buen domingo para todos, desde los que tienen más años hasta los benjamines que corretean del portal a la cocina o desde los bancos del templo hasta muy cerquita del altar. Amén.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín, en el XVII Domingo del Tiempo Ordinario, 28 de julio de 2024

  1. Neidys Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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