Mensaje radial de Monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín, en el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de agosto de 2024

Queridos hermanos y amigos, buen domingo para todos.

Nuestro programa es semanal y por eso el domingo pasado no tuve la oportunidad como obispo de Holguín-Las Tunas de felicitar al equipo de los Leñadores por haber repetido el triunfo sobre los Vegueros de Pinar del Río y ser campeones, de manera consecutiva, de las 62 y 63 series nacionales de pelota.

A su vez, en las Olimpiadas de París hoy se entra en la semana decisiva para el medallero y la obtención de mejores lugares. Hay ocasiones en que los pronósticos no se logran y en otras se reciben sorpresas que no estaban previstas. Recuerdo que como cristianos estamos llamados a valorar el deporte como constructor de voluntades, disposición al sacrificio para alcanzar el triunfo y apertura de corazón para compartir con todos.

Ha habido gestos edificantes en esta primera etapa de las Olimpiadas. Sepamos valorarlos y no quedarnos solo con lo que invaden las redes sociales. En la carta a los romanos, San Pablo les escribe: “No te dejes vencer por el mal. Vence el mal a fuerza del bien”.

Vuelvo a repetir lo que siempre aprendimos desde niños: haz el bien sin mirar a quién. Ese es el secreto profundo de la parábola del buen samaritano que debemos meditar y actuar de acuerdo a lo que nos invita el Plan Pastoral de nuestra Iglesia en Cuba. Fue lo que animé a vivir a los participantes en la Escuela de Educadores que sesionó durante la semana pasada en el Centro Diocesano de Formación Laical; también a los adolescentes que tuvieron el encuentro diocesano cuyo tema central fue la amistad.

Dios permita que todos nosotros, queridos radioescuchas de Radio Angulo de Radio Victoria y cuantos lo hacen a través de las redes sociales, pensemos en lo que nos dijo Jesús: “A ustedes les llamo amigos”. Y por ello se insiste que Jesús es el amigo que nunca falla.

En este camino sinodal que vamos haciendo, tal como han expresado los conductores del programa, es muy importante aprender a escuchar, lo cual supone una disposición interior humilde, capaz de ponerse en el lugar del otro para mirar la realidad desde su lugar, desde su situación, la etapa de la vida que atraviesa, su contexto familiar, social, cultural.

Un buen amigo siempre escucha y no siempre te dará, sino que en muchas ocasiones te invita a algo a lo que tú no estás dispuesto, pero así mismo como él te escuchó tú debes escucharlo también. Esta es la verdadera amistad.

Queridos hermanos y amigos, casi seguro que quienes sintonizan este programa son personas jóvenes, adultos, profesionales, amas de casa, trabajadores por cuenta propia, y también personas mayores ya jubiladas, y por eso es bueno que pensemos en la respuesta que les dio Jesús a sus discípulos cuando dijo: “Trabajen no por el alimento de un día sino por el alimento que permanece y da vida eterna”.

Y nos preguntamos: ¿qué significa esto en un mundo como el nuestro? El hombre de hoy no cree en la eternidad. Y esta es la razón por la que busca cómo eternizar su vida actual. El joven no piensa en que va a ser adulto y llegará a la vejez o a la ancianidad y llega a considerar que va a ser eternamente joven.

El Evangelio nos invita a trabajar por el alimento que permanece y da vida eterna. Los que somos creyentes y, en específico, los cristianos, nos preocupamos además de poner en la mesa el pan de cada día, tal como rezamos en el Padrenuestro, por alimentar lo que hay de eterno en cada uno de nosotros y de esa forma tener muy en cuenta la presencia de Dios en nuestra vida y crecer en su amor que es más fuerte que la muerte.

Pidámosle al Señor, quien venció a la muerte con su Resurrección, que nos dé la sabiduría para aceptar que nuestro vivir en este mundo es un peregrinar hacia la eternidad y por la fe que tenemos es por lo que somos capaces de asumir en nuestra vida etapas de luces y de sombras, de gozos y de sufrimientos, de triunfos y de derrotas, donde muchas veces nos caemos y también por la ayuda de la gracia de Dios nos levantamos. Pero sabiendo bien que la felicidad plena no la tendremos en este mundo sino en nuestro vivir junto a Dios.

De esta forma nosotros le pedimos al Señor, igual que escuchamos en el Evangelio, no solo el pan de cada día, sino también el Pan de Vida, que es su Cuerpo y su Sangre, el que le da vida al mundo. ¡Danos, Señor, de tu Pan! Que así sea.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín, en el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, 4 de agosto de 2024

  1. Neidys GRACIAS!!!!!!! AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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