Queridos oyentes: Acabamos de escuchar (Lc 1, 26-38) cómo el ángel llama a María “la llena de gracia”. Es cierto que ninguno de nosotros pudo escoger a su madre. En aquel tiempo probablemente habría otras muchas mujeres más inteligentes que María, o nacidas en países más grandes como Roma, Grecia, Egipto o Mesopotamia. Seguramente, María no sabría ni leer ni escribir porque en su época a las mujeres judías no se les enseñaba a leer y a escribir. La grandeza de María estaba en que ella se consideró “la esclava del Señor”. Y por eso Él la escogió para que fuera la madre de Jesucristo. Con razón, su pariente Isabel la llamó “bendita entre todas las mujeres”.
Como sabemos, Jesucristo, desde la cruz, nos entregó a María como Madre nuestra. Y por ello cada país tiene a María como protectora. Quizás no todos los oyentes saben que, hace más de un siglo, exactamente 109 años, el 24 de septiembre de 1915, los valerosos Veteranos de nuestra independencia escribieron una carta al Papa de entonces, Benedicto XV, pidiéndole que nombrara Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad. La bella y emotiva carta escrita a máquina tiene alguna falta de ortografía y acentos que faltan o sobran y sus errores de mecanografía, pero eso es algo que no le quita mérito, sino que, al contrario, la hace todavía más preciosa porque se demuestra con ellos que fue escrita por manos que supieron ser fuertes para empuñar el machete mambí pero que no encontraron el tiempo necesario para dedicarlas al estudio.
Los bravos mambises solicitaban el título de Patrona de Cuba para la Virgen de la Caridad. Por si alguno no lo sabe le explico lo que significa la palabra “Patrono”. “Patrono” es un término proveniente del Derecho Romano. En todo proceso judicial de la antigua Roma, el Patrono era lo que hoy llamaríamos “el abogado defensor”. Según las normas, debía ser un hombre libre, ciudadano romano, influyente, y con medios para defender a los más débiles. Era, por tanto, una persona muy importante y bienhechora, a la que acudían los necesitados para conseguir su favor en los tribunales o ante la autoridad.
¿Cómo pasó este concepto al lenguaje y a la tradición de la Iglesia? Fue San Ambrosio (c337-397), obispo de Milán en el siglo IV, abogado y gran orador, quien aplicó a los santos de la Iglesia el nombre y la realidad jurídica del Patrono. San Ambrosio preguntaba: “¿Qué hace un santo en el cielo ante Dios?” Y se respondía y enseñaba a los fieles: “Hace lo mismo que el Patrono ante el juez o el Emperador: pide, suplica, ruega por nosotros y nos obtiene de Dios los favores que le pedimos”. Así de sencillo y claro se nos explica lo que son para nosotros los Patronos o Patronas: intercesores ante Dios, como lo era el Patrono romano ante el juez o la autoridad.
Les propongo que en medio de esta novena a la Virgen de la Caridad escuchemos el texto de esa histórica carta de los Veteranos al Papa.
“A Su Santidad Benedicto XV.
Santísimo Padre: Los que suscriben, hijos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, a Su Santidad humildemente exponen: Que son miembros unos y simpatizadores otros del Ejército Libertador Cubano, título que constituye el timbre de nuestra mayor gloria, por sintetizarse en él el supremo bien de la Libertad e Independencia de nuestra Patria; que junto a ese título ostentamos otro, que es el de pertenecer a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, en cuyo seno nacimos, al amparo de sus preceptos vivimos y de acuerdo con ellos queremos dejar de existir, y esos dos títulos hacen que hoy, reunidos en la Villa del Cobre, en donde se encuentra el Santuario de la SANTÍSIMA VIRGEN de la CARIDAD, y postrados reverentemente ante su altar, acordemos acudir a Su Santidad para que realice la más hermosa de nuestras esperanzas y la más justa de las aspiraciones del alma cubana, declarando Patrona de nuestra joven República a la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre,y de precepto para Cuba, el día que lleva su Santísimo nombre, ocho de Septiembre.
No pudieron ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen veneranda; y antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como rocío consolador para nuestras almas la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción, y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas, y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella para la consecución de la victoria y para la paz de nuestros muertos inolvidados; y acusaría una vergonzosa ingratitud por nuestra parte el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga permaneciéramos inactivos o mudos y no levantáramos nuestra voz ante el sucesor de San Pedro para que haciéndose intérprete de los sentimientos del pueblo católico de Cuba y de los de su Ejército Libertador que profesan la religión de nuestros antepasados, y usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previo los trámites correspondientes, como Patrona de la República de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre, y de fiesta eclesiástica en ella el día que lleva su Santo Nombre.
Por tanto, a Su Santidad suplicamos humildemente, se sirva acceder benigno a nuestra solicitud.
Villa del Cobre, a veinticuatro de septiembre de mil novecientos quince”.
Felizmente, el Papa accedió a esta solicitud de los Veteranos el 10 de mayo de 1916. Desde ese momento, decir Patrona de Cuba era igual que decir Virgen de la Caridad. ¡Ella es la abogada defensora de cada uno de los cubanos!
Queridos todos: Los cubanos necesitamos de la Virgen de la Caridad para recordar nuestras raíces y para que no nos avergoncemos de nuestra fe en Dios y de nuestra historia cristiana. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para no olvidar cómo debe ser un pueblo de sencillo, humilde, generoso, alegre, cordial, cortés, nada rencoroso, hospitalario y apegado a la familia. Y de cómo un pueblo debe saber sobreponerse a las mil vicisitudes por las que ha pasado en su larga historia. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad, la Virgen del Amor, para saber buscar lo que nos une y no lo que nos divide, para saber perdonar y buscar la reconciliación, para eliminar las rencillas y para sanar nuestra memoria enferma. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para que ella nos lleve a conocer a Jesucristo, amarlo y seguirlo.

Naidys GRACIAS!!!! Publicadas todas Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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