Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el domingo 15 de septiembre de 2024, XXIV domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, su obispo y amigo.

Hoy nos unimos a Jesús en el camino a Cesarea de Filipo, y lo escuchamos haciendo un sondeo a los suyos, es una especie de prueba, para saber el grado de conocimiento y percepción de su persona. Ya llevan tiempo con él, por eso a la pregunta de Jesús de: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?”, Pedro, como portavoz del grupo, responde: “¡Tú eres el Mesías!”.

Hemos llegado al punto crucial en el que, después de haber verificado que Pedro y los otros once habían creído en Él como Mesías e Hijo de Dios, Jesús, «empezó a explicarles que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho…, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día». Es un momento crítico en el que emerge el contraste entre la forma de pensar de Jesús y la de los discípulos. Pedro, de hecho, se siente en el deber de regañar al Maestro, porque no puede atribuir al Mesías un final así de innoble. Entonces Jesús, a su vez, regaña duramente a Pedro, le marcó la línea, porque no piensa «según Dios, sino según los hombres» y sin darse cuenta hace la parte de Satanás, el tentador.

El evangelio de hoy, con su mensaje eterno, nos confirma esta enseñanza: Somos cristianos porque seguimos a Cristo y somos sus discípulos. Y sólo existe un Cristo: el Crucificado y el Resucitado por nuestra salvación.

Cuando Pedro quiso apartar al Señor de esta senda –pues, al igual que nosotros, no entendía por qué su Maestro tenía que sufrir– se llevó el gran «regaño» de su vida. Aprendamos que sólo podemos entender el lenguaje de la cruz por medio de la fe, que nos coloca en el punto de mira de Dios.

Pedro y los discípulos no comprenden todavía qué tipo de Mesías es Jesús. De ahí que este les siga instruyendo. Y, al final de este evangelio, Jesús añade: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Enseñanza contundente, clarísima, ineludible. Si somos cristianos, hemos de seguir a Cristo abrazando con fe y con amor nuestra propia cruz. Entonces, ¿por qué nos extrañamos cuando ésta se presenta en nuestra vida? Hemos de pedirle a Dios, más bien, la generosidad, la fortaleza y el amor necesarios para ser cristianos de verdad, siguiéndolo por el mismo camino que va recorriendo Él, delante de nosotros.

El seguimiento implica negación de uno mismo, tomar una decisión y tener capacidad de escucha. Es verdad que no es tarea fácil, pues implica sacrificio y entrega total. Como dice la primera lectura, se necesita fidelidad ante las pruebas. O, como se nos recomienda en la segunda lectura, una mutua implicación entre la fe y las obras. Nuestra fidelidad al Maestro se juega en nuestra capacidad de dar fruto. Pero no cualquier fruto, sino de buena calidad, consistente, perdurable.

Señor, sabemos que la amenaza más peligrosa que nos pueda venir al seguirte es el rechazo por las exigencias del seguimiento. Necesitamos tu apoyo para asumir los compromisos de este seguimiento.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el domingo 15 de septiembre de 2024, XXIV domingo del Tiempo Ordinario

  1. Neidys Publicadas todas Gracias por las oraciones!!!!! AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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