Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el IV domingo de Adviento, 22 de diciembre de 2024

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios, su obispo y pastor de todos.

Con gritos de júbilo la madre del Precursor lo proclama ya realmente presente en el vientre de María. La mujer fiel, la mujer dispuesta, la “sierva del Señor”, ella es la protagonista de la buena noticia en el último domingo de Adviento.

Recién comprometida con Dios, se lanza al camino para ayudar. La primera misionera educadora, María lleva al Verbo encarnado al encuentro con Juan. Isabel bendice y ensalza por la coherencia de su fe y su vida, porque gracias a ella, el Dios de la Vida cumplirá las eternas promesas y nos hará llegar al Salvador.

El Papa Benedicto XVI en su homilía del 11 de febrero del 2010 expresó: “Como primera y perfecta discípula de su Hijo, siempre ha mostrado, acompañando el camino de la Iglesia, una especial solicitud por los que sufren. De ello dan testimonio los miles de personas que se acercan a los santuarios marianos para invocar a la Madre de Cristo y encuentran en ella fuerza y alivio. El relato evangélico de la Visitación (cf. Lc 1, 39-56) nos muestra cómo la Virgen, después de la anunciación del Ángel, no retuvo el don recibido, sino que partió inmediatamente para ayudar a su anciana prima Isabel, quien llevaba seis meses gestando a Juan. En el apoyo ofrecido por María a su familiar que vive, en edad avanzada, una situación delicada como el embarazo, vemos prefigurada toda la acción de la Iglesia en apoyo de la vida necesitada de cuidados”.

El amor de María no midió la distancia que le apartaba de su prima, ni mucho menos le llevó a tomar en cuenta lo que iba a exigirle ese viaje, viajando sola por el desierto, o cuánto tiempo le iba a tomar llegar hasta allá o cuánta comida iba a requerir para realizar ese trayecto… Su donación le condujo a hacer una de las cosas más costosas para el ser humano: el olvidarse de sí misma, para ser totalmente de los demás.

Nosotros, igualmente, podemos contemplar las necesidades de los que están cerca de nosotros; sobre todo, la sed de ayuda que llevan en su interior, con la esperanza de que alguien pueda satisfacerla y calmar su ansia. Por eso, detengámonos en el caminar de nuestra vida para ayudar a los demás.

Quizá hoy podríamos arreglarlo por medio de un correo electrónico, un mensaje de WhatsApp, o una llamada, pero ella no, María se pone enseguida en camino para dar una mano, para ayudar. La acogida es una bendición: “Dichosa tú que has creído”.

Quien tiene la dicha de la fe sabe que tiene un tesoro que no es para su disfrute personal, sino para compartir con quien lo necesita. Quizá el relato puede llevarnos a una sencilla reflexión: ¿Quién me espera, a quién puedo visitar, a quién puedo llevarle la alegría de la buena noticia? Y cuando encuentre la respuesta, me pongo en camino. Una buena manera de preparar la Navidad.

Gracias, Señor, por el sí de María. Tanto en su respuesta “Hágase en mí según tu palabra”, como en la actitud de Jesús: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”, quiero apoyar toda mi fe, mi granito de fe, para poner mi vida a tu servicio, al servicio de mis hermanos. Hágase también en mí tu voluntad.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río, el IV domingo de Adviento, 22 de diciembre de 2024

  1. Neidys Muchísimas Gracias por todos tus envíos FELIZ Y SANTA NAVIDAD Gracias por las oraciones AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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