En estos días de Navidad celebramos varias fiestas que forman parte de este precioso tiempo que es de alegría, paz y bendiciones. La fiesta que estamos celebrando hoy, la de la Sagrada Familia, es un recordatorio de que Dios se insertó en la historia de la humanidad, no cayendo como una estrella fugaz, sino de la misma manera que todas las personas pasamos a formar parte de ella.
Al nacer de una mujer, nos añadimos a esta gran familia que formamos los seres humanos y el pequeño núcleo formado por papá, mamá, quizás algún hermano y a veces alguien más como un abuelo o un tío, es una de las primeras bendiciones que recibimos al nacer. A no ser que a la familia que pertenecemos por nuestro nacimiento sea disfuncional, en ella debemos ir recibiendo lo que necesitamos para incorporarnos gradual y satisfactoriamente en este camino que es la vida. Al nacer no tenemos conciencia de ser alguien, no sabemos hablar y por lo tanto no podemos decir si nos duele algo o si tenemos miedo; no podemos caminar y con dificultad, quizás, podemos agarrar algo.
En los primeros tiempos de nuestra vida exigimos atención porque tenemos hambre o sed, quizás porque hicimos alguna necesidad, a lo mejor lloramos por miedo y de una manera inconsciente podemos hacer que gran parte de los miembros de nuestra familia gire en torno nuestro y de nuestras necesidades. Y esto muchas veces puede ser la explicación de esas personalidades que viven pensando que son el ombligo del mundo.
Es a partir de esos primeros momentos que comienza la preciosa pero difícil tarea de acompañar al hijo en su crecimiento, en virtudes y valores. La educación requiere una mano de hierro en un guante de seda. No se puede dejar esta tarea de la educación familiar para después.
Y aquí les va una anécdota. Un famoso educador, cuyo nombre no recuerdo, con conocimientos notables en diferentes áreas como la sicología y la pedagogía, dio esta respuesta a una joven embarazada por primera vez que le había preguntado a qué edad debería comenzar a educar a su hijo una vez que éste naciera. El educador se quedó pensando unos instantes y entonces le preguntó que cuántos meses de embarazo tenía ella. Respondió que seis meses, a lo que él respondió que si ella no había comenzado, ya tenía seis meses de atraso.
La educación para lograr que una persona llegue a ser alguien adulto y responsable es una tarea preciosa pero de unas exigencias constantes porque no concede tiempo de vacaciones. Que lo digan los padres, no hay tregua en estos menesteres.
No importa si los padres están cansados o si quieren hacer algo de su gusto, porque muchas veces deberán renunciar a ello porque el hijo o la hija necesitan ser atendidos. Y aun cuando los hijos crezcan, siempre un padre y una madre tendrán como parte de sus preocupaciones todo lo relativo al hijo o hija.
Después de esta reflexión, al acudir a las lecturas que se han proclamado en esta celebración encontramos luz para adentrarnos en el mensaje que el Señor nos quiere transmitir hoy. El libro del eclesiástico nos habla de la honra y del respeto debido a los padres y que al practicar esto, crecemos en la presencia de Dios.
La carta a los Colosenses abunda en recomendaciones que se refieren al trato fraterno, que debe ser misericordioso, lleno de bondad. También en la capacidad para ayudarnos unos a otros en la corrección de nuestros errores. A los esposos les recomienda respetar la autoridad y la práctica del amor entre ellos.
Una consideración particular nos exige el texto del evangelio de Lucas. El adolescente Jesús no es cualquier adolescente porque aunque respete y obedece a José y María, no puede renunciar a ser quien es, porque en primer lugar debe obediencia y respeto al Padre Celestial, su verdadero padre. Ya aquí se está manifestando esa dualidad en Jesús. Por una parte es el hijo de María y está siendo tratado y reconocido como hijo de José, y por otra ser el hijo del Padre Celestial, su primogénito. Lo que conlleva a obedecer y respetar en primer lugar al Padre Dios. Aunque puede ser que a alguno le parezca que Jesús rechaza a José y a María, el evangelio nos habla claramente de que Jesús vivió bajo su autoridad y así seguía creciendo en sabiduría y gracia a los ojos del Padre.
Cuando sentimos y vivimos en esta convicción de que la familia es esencial para el buen desarrollo de la persona, lo que repercute en que todo lo bueno que cada persona puede aportar, no duele ver que nuestro mundo hoy no solo se le da poco valor a la familia sino que muchas veces se atenta contra ella. Esto, hermanos, sucede en nuestra patria desde hace tiempo. Porque aquí, en nuestra Cuba bella, se ha agredido muy fuertemente a la familia. Por eso los cristianos cubanos debemos poner pie en tierra para luchar por la familia.
Recordemos a San Juan Pablo II que nos dijo: “Cuba, cuida a tu familia para que conserves sano tu corazón”. No desmayemos en esta misión y encomendémonos a la Sagrada Familia de Nazaret. Amén.

Neydis. GRACIAS!!!! Ya nombraron Obispo en Ciego de Avila? Santo y FELIZ 2025 AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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