Queridos todos: Ya habían pasado varios meses desde que Jesús se presentó en su pueblo de Nazaret como profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Y él ha seguido repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.
Pero Jesús es realista, y sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Jesús está convencido de que Dios no podrá hacer nada en nosotros, sin nosotros. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: «Conviértanse y crean en esta Buena Noticia». Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.
Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada, como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al «Reino de Dios». Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.
En alguna ocasión cuenta la pequeña parábola que acabamos de escuchar. El propietario de una finca un día sembró una mata de higos. Durante tres años, año tras año, venía a buscar frutos en ella, y no los encuentra. Su decisión parece la más sensata y muchos estaríamos de acuerdo. Si la higuera no está dando fruto, está ocupando terreno inútilmente, y lo más razonable será cortarla.
Pero el encargado de la finca reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía un año más? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no quiere verla morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, para ver si da fruto.
El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la finca y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese labrador que nos hace pensar en Jesús, «el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».
Lo que necesitamos hoy en la Iglesia y en todo el mundo no es solo introducir pequeñas reformas o cambios. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un «corazón nuevo y un espíritu nuevo», una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.
Hemos de reaccionar antes que sea tarde, porque puede que estemos en este último año de prórroga que se nos ha dado para que demos fruto. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la finca, él cuida de cada uno de nosotros, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimentará con su Evangelio, nos sostendrá con su Espíritu.
Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto. En la parábola escuchada hay una nota de esperanza: Jesús confía en que la respuesta de todos, incluyendo la de cada uno de nosotros, sea positiva y empecemos a dar los frutos que él desea.
Nuestro buen Dios es un Dios paciente. Enseña el libro del Éxodo (34,6) que “Dios es tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad”. Dios es paciente y misericordioso. ¡Qué paciencia ha tenido Dios con nosotros a través de los siglos! La paciencia es una de las joyas más brillantes de la corona divina. Por eso nos perdona una y mil veces. Perdona siempre. Espera siempre. Un día y otro. Un año y otro.
Pero es conveniente que nadie abuse de este amor paciente de Dios. Sería como un suicidio. No es que Dios te vaya a destruir, es que tú mismo te condenas a la esterilidad, al vacío, al infierno de la nada. ¿Qué satisfacción puede tener una higuera que nunca ha producido un higo? El hombre que guarda sus talentos bajo tierra se queda con la angustia de la frustración.
El que no responde a la llamada de Dios, el que no sigue su vocación, se condena a la inutilidad. Lo que pasó al joven rico del Evangelio, lo que le hubiera pasado a la Virgen María si hubiera respondido que no.
No seamos higueras estériles. Estamos llamados a dar mucho fruto. Y no abusemos de la paciencia de Dios.

Neidys GRACIAS!!!!!!! Gusto en saludarte de nuevo SANTA CUARESMA AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).
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