Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el V domingo de Cuaresma, 6 de abril de 2025

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, y como siempre es un placer volver a encontrarnos.

En la primera lectura de la Misa de hoy escuchamos al profeta Isaías que ofrece esperanzas al pueblo. El Dios que no abandonó a los suyos en Egipto volverá a intervenir ahora a su favor, para que retornen a su tierra. Misericordia y esperanza de futuro es lo que ofrece Jesús a la mujer pecadora. Hace valer para ella la misericordia y no el rigor de la justicia. Con ella no se muestra como juez que absuelve o condena, sino como maestro que se ocupa de una persona que ha fallado, liberándola de su pecado y del entorno que la aplastaba.

En esta línea, el apóstol Pablo se mira a sí mismo desde la experiencia de haber sido alcanzado por Cristo. Desde esta experiencia defiende que es necesario poner la mirada en Dios, quien nos ama y perdona sin merecerlo.

Hoy escuchamos en el evangelio el caso de la adúltera, que no es mera anécdota, sino un signo de la novedad de Jesucristo, es el nuevo estilo, el nuevo espíritu, el nuevo programa, el nuevo paradigma.

Siempre nos ha asustado el tener que comparecer ante el tribunal de Dios. ¿Quién puede sentirse puro ante su mirada? ¿Quién puede sentirse bueno ante su santidad? Y es que no acabamos de aceptar la novedad del Evangelio de Jesucristo. No nos acabamos de creer que Dios es Padre, que Dios es Amor misericordioso, que Dios se complace en perdonar, que Cristo no ha venido a condenar. ¡Demasiado bonito!, pensamos.

Hoy nos vuelve a enseñar Jesús, no con parábolas, como la del hijo pródigo, sino con sentencias, que van en la misma línea de la misericordia.

No hace falta repetir el caso y las sórdidas intenciones de los acusadores. Estaba en juego el prestigio del profeta, y quizá la vida misma del profeta. Si optaba por la ley, condenando a la adúltera, se negaba a sí mismo. Si optaba por la mujer, anulando la ley, se arruinaba a sí mismo. La justicia sobre la misericordia o la misericordia sobre la justicia. Para Jesús estaba claro. Él es misericordioso, no puede ir en contra de la misericordia, no podía negarse a sí mismo.

“Yo tampoco te condeno”. Vamos a esculpir con oro esta sentencia. Jesús, el único que podía tirar piedras, no condena. Pero no sólo en este caso, es una sentencia programática. Esta sentencia significa o implica respeto, pues aún las personas pecadoras deben ser respetadas. Siempre queda en ellas algo sagrado; comprensión, compasión, perdón, dignificación, recreación.

Seguro que a la mujer no le quedaron ganas de seguir pecando, no ya por el miedo, sino por la mirada de Jesús. Una transmisión de luz, de amor inmenso, que le hacía sentirse algo limpio.

Jesús distingue el pecado del pecador. Éste tiene que ser respetado y perdonado. El pecado ha de ser eliminado de nuestra vida, porque esclaviza y destruye. El pecado desequilibra y hace sufrir a todos. “No vuelvas a pecar”.

Vale para todos nosotros cada vez que nos confesamos y nos arrepentimos. Cristo nos perdona, pero él carga con nuestro pecado. No es un perdón barato. Algo así tendría que sentir el sacerdote cuando perdona en nombre de Dios. No se trata de repartir absoluciones, cada perdón tendría que suponerle una cierta conmoción.

Señor Jesús, llamo a tu puerta invocando tu perdón abundante. En silencio, traigo ante ti mi vida desnuda. Míranos y envuélvenos con tu misericordia. Luego, acompáñanos, para que nuestros ojos, nuestra lengua, nuestras manos, sean misericordiosas en favor de los demás, especialmente de los más débiles.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el V domingo de Cuaresma, 6 de abril de 2025

  1. Neidys GRACIAS!!! SANTA CUARESMA AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).


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