Alocución radial de Mons. Dionisio García Ibáñez. Arzobispo de Santiago de Cuba, Transmitido por CMKC, Emisora ​​Provincial de Santiago de Cuba el 20 de abril de 2025, Domingo de Pascua de Resurrección

“Hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos” Juan 20, 1

Buenos días, y muchas felicidades queridos hermanos de esta hermosa y agreste provincia de Santiago de Cuba, pues hoy estamos en el Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección; y qué alegría celebrar este día de la Pascua del Señor. Qué alegría poderlo hacer escuchando el evangelio. Estamos escuchando el evangelio en el cual se describe cómo, aquellas primeras personas, aquella mujer María Magdalena, una gran pecadora, pero una gran convertida, quiso ir a ver a Jesús en el sepulcro y descubrió que estaba vacío.

Llena de temor porque se lo habían robado, decía ella, pensaba ella; fue a ver a pedro, fue a ver a Juan, dos de los discípulos más cercanos del Señor. Y ellos fueron alarmados también. En otro de los evangelios parecía que las mujeres estaban medio locas, al decir tantas cosas raras. ¿Quién se iba a robar un cadáver? Pero cuando fueron, dice el texto, que Juan entró, y se alarmó al ver vacío el sepulcro. Y Pedro entró, y Pedro y Juan dijeron, “hemos creído, el Señor Jesús ha resucitado”.

Ese fue el primer anuncio de la Resurrección. Después vinieron otros, y después durante cuarenta días el Señor estuvo manifestándose a los discípulos hasta su Ascensión, que vamos a celebrar dentro de cuarenta días. Hermanos, esos discípulos con esa fe grande, la aceptaron, la vivieron y después fueron a predicarla, a anunciarla. Ese es el deber nuestro, esto es lo que yo estoy haciendo ahora, estoy anunciando, como lo hizo Pedro, Juan, y aquellos primeros discípulos, María Magdalena, las otras Marías, las otras mujeres, los otros discípulos, que fueron por el mundo entero a decir: “Cristo ha resucitado, es nuestro Salvador. Cristo murió en la cruz por nosotros”.

Escuchemos con devoción y atención este evangelio.

(Lectura del evangelio según san Juan 20, 1-9)

Felicidades porque estamos celebrando el día más importante del año para los cristianos. ¿Por qué? Porque celebramos que Jesús ha resucitado. Y yo diría que no solamente para los cristianos, sino para toda la humanidad, porque Cristo vino a rescatar, a dar sentido a la vida de todos los hombres. De cada hombre, en cualquier país del mundo, en cualquier época, de cualquier condición social, raza, poder económico, manera de pensar. Él se entregó en la cruz por cada uno de nosotros.

Y nosotros estamos celebrando hoy precisamente, ese día de la Victoria. Es el día de la VICTORIA. Hay vece que se habla del día de la liberación; y sí, el pueblo hebreo fue liberado de Egipto. Pero en el tiempo, y esto lo narra la Biblia, en el tiempo cayó en otras esclavitudes de otros pueblos más poderosos y cercanos, pero también del pecado. Cuando un pueblo, cuando una persona cae presa del pecado, eso significa que no es libre porque se está dejando arrastrar por el mal.

Pero, precisamente, el día de la Resurrección de Jesucristo, que celebramos este Domingo de Pascua; y Pascua significa paso, paso ¿de qué? De la condena del tiempo, del estar en la incertidumbre de la vida, del estar confundido con todas las cosas que pasan, a la liberación. ¿Cuál es la liberación? Estar con el Señor.

El pueblo hebreo pasó de Egipto a otras tierras, allí vivió libre un tiempo y después cayó en la esclavitud. Nosotros vamos a pasar, de esta vida que Dios nos ha regalado, a vivir eternamente junto a Él, que eso es vivir la libertad plena. Por eso hermanos, esta es una fiesta de toda la humanidad, aunque la celebremos sólo los cristianos.

En nuestra patria, esta ha sido una fiesta tradicional. Yo diría que, junto con la Navidad, es la fiesta más antigua que se celebra en Cuba, en esta tierra, en esta isla. Por lo menos del tiempo que tenemos memoria. ¿Por qué? Porque aquí, desde el principio, cuando empezaron a llegar los primeros europeos, se celebró la Navidad y la Semana Santa, y con la Semana Santa la Resurrección del Señor. Por eso es la fiesta más antigua que se celebra en Cuba.

Qué bueno que todavía hoy la estemos recordando y meditando, porque esta fiesta nos abre los oídos y los ojos para nosotros poder enfrentar la vida y encontrarle sentido a la vida. Precisamente ese es el punto clave de la fiesta de hoy.

Días atrás nosotros hemos celebrado, recordado, los últimos momentos de la vida de Jesús. La entrada en Jerusalén el domingo de Ramos, que le llamamos así nosotros; todo esto es bíblico hermanos, todo esto está en la Biblia y lo predicamos en los templos, todos los días se lee el evangelio. Nosotros recordamos que Jesús entró triunfalmente en Jerusalén, y la gente llena de alegría porque era el liberador, ¿por qué? Porque sanaba enfermos, daba pan al que no tenía, multiplicaba los panes acogía a todo el mundo con sabiduría. Y la gente necesita un Salvador, lo necesita, y por eso lo acogieron.

Esa fue la celebración del domingo pasado. Después, en estos días previos, a este domingo, hemos celebrado la última Cena de Jesús el Jueves Santo; la Pasión de Cristo la recordamos el Viernes Santo que, gracias a Dios es una fiesta que también para nosotros los cubanos, es un feriado laboral, que nos permite a todos participar en las celebraciones y tener un día más tranquilo, en paz. Ojalá los cristianos, y los no cristianos, lo hayamos vivido así, un día en paz, tranquilo, recordando el sacrificio de Cristo.

El sábado por la noche en la celebración de la misa de la Vigilia Pascual, en medio de la oscuridad porque se apagan todas las luces el templo, y se enciende solo una vela grande para que ilumine el recinto, el templo, el lugar o la casa de oración donde la celebramos. Y eso nos recuerda que Cristo es la luz del mundo. Que en medio de la oscuridad que vivimos, en medio de la incertidumbre, de las confusiones, de la falta de esperanza, hermanos: Cristo es la luz del mundo, y es el que le da sentido al mundo, a la existencia.

Los no cristianos pueden creer que venimos al mundo de casualidad, y por lo tanto, también de casualidad partimos, o de la forma más casual posible. No hermanos, los cristianos sí sabemos que todas las cosas tienen sentido, todo tiene sentido. Cuando en la casa nosotros construimos una mesa para comer, ¿cuál es el sentido de mi trabajo? Ese precisamente, que la mesa sirva para comer, mi trabajo tiene un sentido. Y en la vida todo tiene un sentido, todo lo hacemos con un propósito, o con un deseo, o con una pasión.

La vida también tiene un sentido. Sí para los no creyentes la vida es algo así, como dije ahorita, casual, lo repito porque es importante. Para nosotros no. Nosotros somos criaturas de Dios, nosotros hemos sido creados por Dios, Dios me ha dado la vida que yo tengo. Es un regalo que el Señor me da para que yo la viva, para que yo la disfrute en justicia, con fraternidad, con misericordia, procurando el bien. Mi vida tiene sentido, es un regalo de Dios.

El cristiano, a partir de la palabra de Jesús, le recuerda al mundo con su testimonio, que ese sentido que tiene la vida lo da Dios. Cristo, la Palabra de Dios es la que nos lo dice. Cristo nos dice que debemos vivir aquí en la tierra, de tal manera, que algún día, nosotros alcancemos la vida eterna. Porque Dios, es un Dios de vida, no de muerte; Dios no quiere el mal de las personas, Dios no quiere la muerte. No. El Señor quiere la vida eterna, y por eso es que Cristo se hace hombre para salvarnos a todos y darnos la vida eterna. Y eso es lo que estamos celebrando hoy.

Cuántos sufrimientos, que cada cual piense en su familia. Cuántos sufrimientos, cuánta angustia, cuánta incertidumbre, cuánta preocupación por cada día buscar las cosas necesarias para vivir, lo elemental se nos hace muy difícil. Y así vivimos, y así luchamos. Si uno no creyera en esa misericordia de Dios que nos llama hacia Él, ¿qué sentido tiene este sufrimiento?  ¿Por qué? ¿Pensando en una esperanza futura aquí en la tierra? Puede ser que sí, puede ser que no. Puede ser que sí temporalmente, se nos acaba.

Cristo nos dice, no hermanos, la vida tiene sentido porque somos hijos de Dios. Él nos la ha dado. Él quiere que nosotros la disfrutemos, que nosotros la vivamos en paz, y la vivamos con un corazón abierto que recibe su palabra, que tiene los oídos atentos para escuchar qué Dios me dice. Eso lo encontramos en las escrituras.

¿Qué me dice el Señor hoy? Hoy me dice, fortalezcamos nuestra fe, y con mucho optimismo, vamos a usar esa palabra; yo diría más bien, con mucha confianza, que nos da la fe, decir: Señor aquí estoy, me diste la vida te doy gracias por eso; dame fuerza, que tu Espíritu Santo me ilumine a mí, a mi familia, a los que están al lado, a los que gobiernan, a todos, para entre todos buscar un futuro mejor. En que cada persona sea respetada, en que cada una sienta que sus derechos los tiene garantizados, en que cada persona sienta que no está sola en el mundo, sino que está rodeada de familia, de amigos, de otras personas, de una sociedad en la que todos tenemos que caminar juntos, para lograr una sociedad mejor. Así ha sido la vida siempre.

Hoy, nosotros estamos celebrando la victoria de Cristo sobre el pecado, que es el mal. Lo celebramos porque Cristo es capaz de perdonarnos. Entonces, si Cristo nos perdona, estamos venciendo al mal. Cristo nos ha dado su palabra, y en su palabra nos enseña cómo nosotros tenemos que vencer el mal. Cristo ha vencido el sufrimiento, no cabe la menor duda que si en el mundo la gente viviera sin hacer el mal… Ay, pensemos en nuestras vidas, ¿cuántos sufrimientos hubiéramos eliminado? Porque muchos sufrimientos del hombre, provienen del pecado de los mismos hombres, que le impedimos a los demás vivir en armonía, en paz.

Cristo ha vencido a la muerte, que es el pecado mayor. El que no cree en Cristo, el que no cree en la resurrección, ese su vida piensa que se acabó con la muerte. Pero Cristo la venció, y nos dijo, no hermanos, les he dado la vida para siempre. La vida que yo te doy, tú que me oyes, tú que me estás oyendo, la vida que tú tienes te la he dado Yo, y te he dado las herramientas para tú vivir tu vida como debe ser, en paz, en armonía, conociendo lo que Dios quiere de ti. Para decirte, a ti hermano que me estás oyendo, tu vida no termina con la muerte, tu vida puede terminar en las manos de Dios, si tú lo escuchas, si tú tratas de seguirle, si tú vives según su palabra como hermanos.

Por eso hermanos, alegrémonos. Estamos en el día de la esperanza, este es el día de la liberación, este es el día de liberarnos del pecado, del sufrimiento y de la muerte. Es el día de reafirmar nuestra confianza en lo que esperamos, que Dios nos espera, que Dios nos aguarda, que Dios nos brinda su reino, que no terminaremos en un hoyo oscuro, aunque nos hagan un obelisco y aunque la gente vaya a recordarnos. No. Para el que no cree en Dios es un cadáver que está allá abajo, que no saldrá nunca. No, nosotros creemos que nuestra vida termina en el Señor.

Ese es el triunfo. Por eso en este día alegrémonos. Elevemos un pensamiento a Dios dándole gracias. Que cada uno en este mismo momento diga en su interior, gracias Dios mío porque mandaste al Señor Jesús para enseñarnos cómo llegar hasta Ti, y cómo vivir en la plenitud. Que mandaste al Señor Jesús para que nosotros descubriéramos el sentido de la vida. Que mandaste al Señor Jesús para decirnos que tenemos que hacer el bien sin mirar a quién, y que tenemos que tratar a los demás como nosotros queremos que los demás nos traten a nosotros.

¿Han visto que mandato tan hermoso ese? Fíjense que no es una prohibición, en hacer. Ama a los demás, trata a los demás como tú quieres que a ti te traten. Eso es así. Si hacemos así, siempre haremos el bien. Este es el día de dar gracias a Dios por tantos dones que nos ha dado, por su palabra, porque estamos celebrando esta fiesta.

Días atrás celebramos la Pasión de Cristo en la cruz, precisamente porque Cristo muere en la cruz, Él se ofrece por nosotros para alcanzar la vida eterna. Y como bien hemos escuchado en el evangelio de hoy, cuando todos creían que Cristo estaba enterrado, sepultado, con la piedra puesta sobre la tumba, de momento los discípulos comienzan a descubrir animados e iluminados por el Espíritu Santo que Cristo está vivo. Aquel al que ellos vieron matar y enterrar está vivo, ellos vieron y creyeron.

Y porque creyeron, en la fe, nosotros estamos aquí haciendo hoy esta transmisión, para comunicar lo mismo que ellos dijeron en aquel momento: Cristo ha resucitado, no está en el sepulcro, y nosotros lo hemos visto, y nosotros hemos estado con Él resucitado.Hermanos ese es Cristo el Señor, esa es la victoria de Dios, y eso lo estamos celebrando hoy. Que este sea un día de santa alegría.

Que el Señor nos ayude a vivir así, y junto con el pueblo vamos a decir: ¡Aleluya, aleluya! Que significa, alégrense que Cristo ha resucitado. Que el señor les bendiga, que el Señor les de fuerza, que el Señor permita que no se dejen confundir por la gente que nos dice que la vida termina, que la vida nada más que es esto. No hermanos, están perdidos, pobre de ellos que solamente se fijan en las cosas que perecen y pasan con el tiempo. El Señor nos promete la vida eterna, y eso se conquista en la tierra haciendo el bien y siguiendo a Jesús.

¡Síguelo! ¡Síguelo! Ve a tu comunidad, ve a tu iglesia, ve a la casa de oración, lee la palabra de Dios y vas a descubrir a Jesús, vas a descubrir la alegría, y el sentido de tu vida.

Que el Señor les bendiga a todos.

Un comentario sobre “Alocución radial de Mons. Dionisio García Ibáñez. Arzobispo de Santiago de Cuba, Transmitido por CMKC, Emisora ​​Provincial de Santiago de Cuba el 20 de abril de 2025, Domingo de Pascua de Resurrección

  1. Neidys
    GRACIAS!!!
    Pide otra vez por mi, me hizo metastasis en el Higado, pero es unico queda.
    SANTA Y FELIZ RESURRECCION
    AMDG
    Saludos
    René M Smith
    HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG
    TODOCATOLICO.ORG
    TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz
    Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124
    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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