Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el II domingo de Pascua, 27 de abril de 2025

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz,  su obispo y amigo, deseándoles nuevamente una feliz pascua de Resurrección.

Hoy Jesús se aparece a sus discípulos acobardados y desorientados con el aliento de su Espíritu, palabras de perdón y misericordia.

La segunda vez que los ve, ofrece al incrédulo Tomás la prueba definitiva de sus llagas. Pero, “dichosos los que crean sin haber visto”.

La fe es hoy, en nuestros ambientes, minoritaria. Pero para nosotros, quienes hemos conocido a Jesús, hoy queremos valorar y agradecer nuestra fe. La hemos recibido, no tanto por razonamientos, sino por contagio; y sabemos que en el fondo es un don. Fue Dios quien abrió los ojos de nuestra alma, para que lo pudiéramos “ver”.

“Dichosos los que crean sin ver” No se llega a la fe por pruebas físicas o racionales. No sería fe. No hay argumentos filosóficos o de laboratorio que consigan alcanzar a Dios.

Pero la fe tampoco es irracional, no es un absurdo creer. La fe tiene también sus razones y sus “visiones”. El creyente no ve a Dios, pero ve sus signos y sus huellas. El creyente ve con el corazón. “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

Ver con el corazón entra en la órbita de la experiencia, del amor y la gracia. No es puro sentimiento o un cierto voluntarismo o una simple adhesión a la autoridad. La fe es gracia y es luz. No es un: creo porque sí, porque es un: creo, sí. Yo puedo decir: amo porque amo, pero no puedo decir: creo porque creo, porque quiero creer. El amor puede que no razones, pero la fe ha de ser razonable. “No actuar razonablemente es contrario a la naturaleza de Dios”.

También puedo decir: creo, porque amo; y mejor, creo porque soy amado, porque la iniciativa es de la gracia de Dios.

Tú no ves a Dios, pero sientes vivamente que te envuelve su misericordia, tan cercano, tan íntimo, como aliento de tu aliento. Eres amado, luego Cristo vive.

No ves a Dios, pero ves su mano providente en todas las cosas.

No ves a Dios, pero ves su misterio amoroso en la profundidad de las personas y de los seres.

No ves a Dios, pero ves en el mundo reflejos de su bondad y su belleza.

No ves a Dios, pero te sientes incondicionalmente amado por un Amor inmenso.

Tú no ves a Dios, pero sientes una fuerza que te supera para amar, para crear, para sufrir.

No ves a Dios, pero lo palpas en las comunidades de amor auténticas.

Dichosos los que vieron a Cristo resucitado, podemos decir. De estas experiencias pascuales arranca nuestra fe. Estas experiencias tienen que ver más con el corazón que con la visión, aunque algunas, como la de Tomás, se explique en imágenes corporales. Por eso, “dichosos los que crean sin haber visto”. Es un ver sin ver.

Magdalena vio a Jesús con el corazón cuando escuchó su nombre; los discípulos de Emaús vieron a Jesús con el corazón cuando escuchaban su palabra y al partir el pan.

Los discípulos en el Cenáculo vieron a Jesús con el corazón cuando sintieron la alegría y la paz de su presencia y recibieron la fuerza del Espíritu Santo que los resucitaba; Juan vio a Jesús con el corazón en el lago, después de la pesca milagrosa, a pesar de la distancia; Pedro vio a Jesús con el corazón, confesó por tres veces el amor, y se sintió perdonado y vocacionado.

Tú y yo, ¿dónde podemos ver a Cristo?

Sabemos que él se hace presente de muchas maneras, pero siempre que haya un deseo, una búsqueda, un dolor. Siempre que hay un amor victorioso, allí está Cristo resucitado.

Siempre que hay un perdón generoso, allí está Cristo resucitado, porque no salva el odio, el resentimiento, la venganza. Nos salva el perdón recibido y el perdón ofrecido.

Siempre que haya un servicio entregado, una oración al Espíritu, una comunidad verdadera, un sufrimiento aceptado, una superación creadora, allí está Cristo resucitado. En cada experiencia de Cristo resucitado creemos sin haber visto.

Que María de la Caridad, Maestra de la fe,  ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el II domingo de Pascua, 27 de abril de 2025

  1. Neidys Te comento que a partir de mañana no publicare diario. Unos de mis oncólogos no quiere que trabaje mucho. Tengo metástasis en el hígado y el tumor es de 5 centímetros. Siempre he estado en la voluntad de Dios. Si esto no se arregla, mi cuadro medico es bien malo. Me imagino que la semana entrante sepa. No dejes de enviarme. GRACIAS!!! SANTA Y FELIZ RESURRECCION AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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