Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de esta diócesis.
La metáfora del pastor y su rebaño es recurrente en los relatos de los profetas de Israel para referirse a los líderes del pueblo y denunciar sus abusos. Juan utiliza la imagen para presentarnos a Jesús como el Buen Pastor, un pastor diferente que conoce a sus ovejas, les infunde vida y no permite que nada ni nadie pueda arrebatarlas de su cuidado. Jesús se muestra como un pastor dedicado y completamente entregado a su rebaño. Todo ello subraya la firmeza y la seguridad de la salvación que Jesús ofrece a quienes confían en él.
El pastor ha de ser humilde y bueno, pero ha de ser también inteligente y valiente, capaz de dirigir y defender a las ovejas. El pastor está dotado de toda la fuerza que le viene de Dios. Todo lo que tiene el Padre se lo comunica al Hijo. Están enteramente unidos, no hay diferencias, son uno.
Dios quiso llamarse a sí mismo Pastor. En aquella cultura agrícola significa un ideal de amor humilde, responsable y generoso. Surge en dialéctica contra los que, considerándose pastores, no eran buenos, sino aprovechados y desinteresados.
Jesús se presenta como modelo de pastor, en un marco de violencia y alegría pascual. El Pastor no nos quiere arrastrados por la tierra, o personas que se doblegan por cansancio, desesperanzadas y oprimidas, nos quiere jóvenes liberados y optimistas, capaces de superar records de altura y de escalar montañas más elevadas. No quiere que nos conformemos con lo ya conseguido, nos pide siempre un esfuerzo más, un palmo más.
No quiere el pastor divisiones y guerras en su rebaño. Quiere que se multipliquen los encuentros, los entendimientos, los acercamientos. Quiere que prevalezca el diálogo sobre las intolerancias, los perdones sobre las venganzas, las acogidas sobre los rechazos, las puertas en común sobre las individualizaciones y egoísmos. La marca de la cruz es marca de comunión.
Importa también que las ovejas escuchen, que no sean sordas ni se hagan las sordas, que no sean olvidadizas, que estimen sus palabras más que el oro y las piedras preciosas. Y más que los más refinados manjares. Importa comer sus palabras, que se alimenten de ellas. Sn palabras de vida: “¿A quién iremos, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna”. Al final las ovejas se hacen eco de las palabras del pastor.
El Pastor no es perezoso ni acomodado, dispuesto siempre a ponerse en camino, sea fácil o pedregoso. Sus pasos van haciendo camino, marcan la ruta liberadora. No tienen reparo a la hora de defender o buscar a una oveja, por más revoltosa o insignificante que parezca, o a la hora de conducir hasta las cumbres más altas y luminosas a ovejas escogidas.
No deberíamos hacerle esperar. No debemos abusar de su paciencia y su bondad. Hemos de acudir a sus llamadas con prontitud. Lo nuestro es seguirle de cerca, aunque sea por “cañadas oscuras”.
También debemos aprender a ser pies de Jesús, correr nosotros para que descanse él, abrir caminos para que venga él, convencer a los perdidos y alejados para llevarle a él.
El inmenso amor de Jesús es lo que nos atrae hacia él. Creemos en él porque nos ama. Por ello, como ovejas suyas que somos le escuchamos, reconocemos su voz, lo seguimos. El Señor nos considera algo muy suyo; no somos simples individuos anónimos en una masa amorfa. Tanto nos quiere que nos hace participar de su vida, de su relación profunda y exclusiva con el Padre. En Jesús pasamos de ovejas a hijos e hijas de Dios.
Hoy pedimos al Señor que conceda a su Iglesia muchas vocaciones de especial consagración. Quieren estar más cerca del Pastor, quieren guardar mejor su palabra, quieren llenarse más de su Espíritu. Quieren identificarse con él, para ser pastores según su corazón.
Que María de la Caridad, ponga a Jesús en nuestro corazón.

Neidys GRACIAS!!! Empizo el tratamiento del cancer del hidado esta semana. SANTO Y FELIZ TIEMPO PASCUAL AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..
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