Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el V domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz,  Obispo de esta diócesis vueltabajera.

Una vez más el amor. Ese ha sido siempre el eje de la vida de Cristo y de su mensaje. En plena celebración pascual, la Iglesia nos vuelve la mirada hacia el mandamiento del amor. No es una sugerencia que da Cristo, ni una expresión de su deseo, es un mandato. Una y otra vez debemos escucharlo, revisar nuestra vida y esforzarnos por ponerlo en práctica.

El contexto en que lo escuchamos hoy es al terminar la Última Cena. Estaban los 11 reunidos con Jesús, y  Él anuncia su glorificación y la del Padre.

El amor es la señal de los discípulos de Jesús. Sin amor no puede haber comunidad ni puede haber seguimiento de Cristo. Hay muchas clases y niveles de amor, el de los cristianos es el más grande. La luz que más brilla. Si hay personas compasivas, ellos más. Si hay personas generosas, ellos más. Si hay personas serviciales, ellos más. Si hay personas fraternas, ellos más. Siempre un poquito más, hasta llegar al amor de nuestro Señor Jesucristo: “que se amen unos a otros como yo los he amado”.

El amor de Jesucristo ¿quién lo puede medir? Es inmenso, es misterio. Puede poner todos los calificativos: generoso, servicial, amistoso, incondicional, gratuito, paciente, misericordioso, oblativo, hasta el final. Pero siempre mejor y siempre más.

La Iglesia ha sido convocada para ser testigo de este amor.

El primer paso es dejarse amar. Nadie puede saber lo que es el amor de Cristo si no lo ha experimentado. Este amor no se conquista, es don: “como yo los he amado”. Él nos amó primero. Después vivirás de amor.

La experiencia es esencial en la vivencia cristiana, y es el argumento que el mundo espera de la Iglesia. No se convence con palabras y argumentos, sino con el testimonio del encuentro. “En esto conocerán que son mis discípulos”.

Desde esta experiencia se aman los discípulos de Cristo, con el amor de Cristo; desde esta experiencia los cristianos aman a los demás, con el amor de Cristo. A este amor personalizado le llamamos también Espíritu Santo.

Es un reto. La Iglesia no se apoya en el poder ni el dinero ni en la ciencia, sino en el amor, en la debilidad y la fuerza del amor, cuya máxima expresión es la cruz.

Cuando se avecina la hora de que Jesús sea elevado en la cruz, destinado a resurgir en la resurrección, se nos recuerda el mandamiento del amor. Dos aspectos se destacan sobre este amor: su medida es la misma que la del amor de Cristo, es decir, un amor llevado “hasta el extremo”; y que el amor será la señal que identificará al discípulo de Jesús. Sin amor, no hay posibilidad de auténtico discipulado.

En nuestro amor, los demás reconocerán a Jesús. Necesitamos que el amor en nosotros sea “nuevo”, es decir, una creación constante, una innovación diaria, una búsqueda continua de maneras de salir de nosotros mismos y colocar al otro en el centro de nuestras vidas. ¿Podrán las personas descubrir en mí a un verdadero discípulo del Señor?

Señor, te pedimos que nos asistas para recuperar un corazón sensible, interesado en las penas y alegrías de nuestro mundo. Un corazón como el tuyo, abierto a las necesidades de los demás, afectado por el sufrimiento ajeno. Que este corazón se derrame en nuestras manos, en nuestros pies y en nuestros pies y en nuestros labios,  hablando un lenguaje de cercanía y amor, un discurso de auténticos hermanos.

Que María de la Caridad, ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río, el V domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025

  1. Neidys Hoy tengo mi ultima radiación del cáncer en el hígado GRACIAS!!! SANTO Y FELIZ TIEMPO PASCUAL AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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