Queridos todos: Quisiera comenzar aclarándoles que ese “cielo” al que regresa Jesús resucitado hoy no es el cielo que está sobre nuestras cabezas, o por el que avanzamos cuando vamos en un avión, o el que los astronautas atraviesan para llegar a la luna. El “cielo” de Jesús no es ese lugar donde están el sol, los planetas, la luna y las nubes. Los creyentes no creemos que Dios tenga su casa entre asteroides y estrellas. Sobre este tema les comparto estas anécdotas: Cuando el joven cosmonauta ruso Yuri Gagarin se convirtió, el 12 de abril de 1961, en el primer ser humano en viajar al espacio exterior y darle una vuelta a la tierra en la nave Vostok I, una persona importante de su país hizo este comentario: “Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a Dios por allí”. Por su parte, la también rusa y bella cosmonauta Valentina Tereshkova, que fue la primera mujer que vio toda la tierra desde el cielo, fue más prudente. En una entrevista al diario español El País contó lo siguiente: “La anciana que me ayudó a quitarme el traje espacial, tras aterrizar en un pueblo kasajo, me preguntó si había visto a Dios. Le respondí que mi nave parecía haber seguido otra ruta y que quizás por eso no lo encontré.” También he oído, en su propia voz, a un destacado poeta camagüeyano, recitar un poema donde habla de un cosmonauta que, luego de subir, y subir, y subir, lo que encontró en el cielo frío fue “un butacón inmenso, pero vacío”… Quizás la culpa la tenemos nosotros porque cuando hablamos de Dios… ¡miramos o señalamos hacia el cielo! Ahora me está llamando la atención que, en los juegos de pelota, algunos de nuestros peloteros tienen la costumbre de, al llegar a la base luego de pegar una buena línea, levantan su dedo índice hacia el cielo (me pregunto si será para darle gracias a Dios)…
El cielo al que regresa Jesús resucitado no es un lugar con butacones, sino un estado, un modo de existir. El cielo, más que un espacio es una relación con Dios. Nuestras almas son espirituales, y las cosas espirituales no necesitan espacio. Hay cosas que son reales y no ocupan espacio, como por ejemplo el amor, el odio, la lealtad, la traición, la simpatía, la envidia, etc. El espacio es para las cosas materiales.
Puede que alguno quiera suponer que el cielo se halla localizado en algún “lugar” (entre comillas), aunque no sepa decir dónde está. Pero no hay más solución que decir que, de uno u otro modo, el cielo de Jesús es un lugar de gloria, de felicidad, de gozo. Vivir en el cielo es estar con Cristo. Los elegidos viven en Él, como enseñó San Ambrosio cuando dijo: “La vida es estar con Cristo, donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino”. Todo buen cristiano aspira a que, después de su muerte y gracias a sus buenas obras, vivirá eternamente junto a Dios, mientras que, los que rechacen a Dios y, deliberadamente no cumplan sus enseñanzas, vivirán eternamente sin Dios. Es a ese vivir eternamente sin Dios, a lo que llamamos “infierno”, mientras que al vivir eternamente con Dios, es a lo que llamamos “cielo”.
La otra verdad, que también sorprende, es que, en realidad, Jesucristo no se ha ido y nos ha dejado solos en el barco. San Pablo, en su época de perseguidor de cristianos, tiene que haberse sorprendido cuando, como cuenta él mismo, Jesucristo resucitado le preguntó: “¿Por qué me persigues?” (Hech. 9, 4). También Jesús ha quedado presente en su Palabra, que leemos cada domingo en la Misa y que ojalá leyéramos cada día en nuestro hogar. Ha quedado presente, porque así lo quiso él, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, el Pan y el Vino consagrados, su Cuerpo y Sangre. Ha quedado presente en los pobres y necesitados de este mundo. Recuerden lo que nos dijo Jesucristo en el Evangelio (Mt. 25, 31-46): “Tuve hambre y tú me diste de comer; tuve sed y tú me diste de beber, estaba preso y enfermo y tú fuiste a visitarme, estaba falto de ropa y tú me ayudaste, no tenía dónde quedarme y tú me hospedaste”, para terminar, afirmando: “Cada vez que tú hiciste esto con algún necesitado era a mí a quien se lo hacías” (Mt. 25, 40).

Neidys Gusto nuevamente en saludarte. GRACIAS!!! SANTO Y FELIZ ASCENSION DEL SEñOR AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..
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