Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 14 de septiembre de 2025: Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

“Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.” Juan 3, 17

Hermanos,

Tal vez algunos se pregunten eh cómo vamos a celebrar una fiesta particular en un domingo, que sabemos que el domingo las fiestas litúrgicas son inamovibles, son las fiestas dominicales, las celebraciones dominicales, las lecturas dominicales. Sin embargo, hay ocasiones en que la iglesia, si alguna fiesta en particular cae domingo, la iglesia pues nos pide que celebremos ese domingo esa fiesta particular, porque es una fiesta que llega a todo el universo católico.

Por lo tanto, en este momento todas las iglesias, capillas, comunidades, en el Vaticano, están celebrando la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, porque el misterio de la Cruz, como bien dice la oración que hemos leído al principio, el misterio de la Cruz es una de las cosas que los cristianos proclamamos, aseguramos, lo vivimos como tal, pero sabemos que es un misterio, porque el misterio de la cruz, que recordamos de manera muy especial el viernes Santo, el misterio de la Cruz nos hace pensar mucho, y algo que tiene la respuesta que damos, es una respuesta en la fe.

El pasaje que hemos escuchado de la carta de Pablo a los filipenses lo dice bien claro. Dice, «Que el Señor nos permita comprender este misterio.» ¿En qué consiste? Dice Pablo a los filipenses que Dios teniendo la categoría de tal se abajó como un esclavo cualquiera siendo uno más y se hizo hombre para salvarnos. Él, el Creador de todo, el que nos da la vida, nos ama tanto que quiere que nuestra vida no se pierda, tal como textualmente dice el texto que posiblemente yo lo lea al final de la homilía, porque es uno de esos textos que tenemos que guardar y meditar.

Nosotros tenemos que recordar eso. Ese Dios que me crea, que me hace, que me quiere tanto, que Él se anonada. Esa es la palabra, anonadarse. Pasa desapercibido ante los hombres. Se hizo uno igual que nosotros, menos en el pecado. Queriendo significar ¿qué cosa? Que el amor de Dios no tiene límites. Es entrega. Y por lo tanto también nos pide a nosotros que nos dejemos llevar por la palabra de Dios y nos entreguemos al Señor.

Entonces, hermanos, ¿Cuándo fue creada esta fiesta? Vamos a llamarle así. Fue creada en conmemoración de cuando se levantó por primera vez, una basílica en la tumba, allá en Jerusalén, donde marcaron los acontecimientos de la muerte del Señor, Valle de los Olivos, la tumba, etcétera. Entonces, en un momento determinado el pueblo cristiano inspirado por el Espíritu Santo comprendió esas palabras del apóstol San Pablo.

Sí, hermanos, tenemos que celebrar de manera especial durante el año esta fiesta, que nos lleva a comprender el misterio de amor de Dios, que para cualquier persona que no sea cristiano o que no tenga la lógica del cristiano, la lógica de Cristo, que es el amor, cualquier persona podía rechazarlo.

Hay veces que la lógica que es esa razón que nos dice el por qué las cosas son ciertas, son necesarias. La lógica hay veces que cuando no pasa por el amor, puede ser que se fosilice. Es decir, se quede muy fija. Entonces, ¿qué hombre va a decir que un rey, deja de ser rey y hace que lo maten por amor al pueblo? Ojalá, ha habido gente que se ha sacrificado. Pero esa no es la lógica del mundo. La lógica del mundo está hecha muy estratificada y el que tiene el poder tiene el poder y el súbdito es el súbdito, y es así. Pero la lógica del amor cambia las cosas. La lógica del amor dice que uno es capaz de darse enteramente por amor a los demás. Y el amor muchas veces no es lógico.

Para amar a otras personas necesitamos la lógica que nos diga, esa es la persona o la mujer que me conviene, o la mujer dice, es el hombre que me conviene. Y ahí tiene que funcionar la lógica, pero el amor no entiende mucho de eso, cuando se ama se ama. La Madre Teresa de Calcuta amaba sin esperar nada. Y así, tantos.

Entonces, hermanos, esta fiesta es la fiesta de la lógica del amor, que es capaz de darlo todo. Y eso está muy bien reflejado en esta carta de Pablo a los Filipenses. Fíjese bien, esta carta de Pablo a los Filipenses, de Pablo a los Colosenses, son cartas que están hechas Pablo yéndose a Roma para la prisión para después que lo conduzca a la muerte. Y ahí es cuando Pablo descubre ese misterio inagotable y fuente inagotable de amor que es Cristo. Entonces, ya por lo menos sabemos el porqué de esta fiesta. Y entonces la iglesia quiere que lo recordemos. Yo le pido a ustedes que busquen después de esta Santa Misa este texto de Pablo a los Filipenses y lo lean. Ustedes saben que al final vienen las lecturas para que las podamos buscar.

Lo otro, ¿por qué la cruz? Entonces, ahí vamos al libro de los Números del Antiguo Testamento, en el cual ocurre un pasaje raro para nosotros. El pueblo qué hace, Moisés le pide por mandato de Dios que se vaya de Egipto, pasa en el Mar Rojo y se mete en el desierto del Sinaí. Claro, en el desierto no hay agua, no hay comida, hay fieras, hay de todo. No hay sombra. Entonces, llega un momento que el pueblo se desespera. Como muchas veces nosotros nos desesperamos ante las vicisitudes del mundo. Entonces empezaron a decir, ¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para qué? ¿Para qué? Mira las serpientes que nos están picando, mira los muchachos, lo que sea que se están muriendo. ¿Para qué nos sacaste?

Entonces, Moisés, aclama al Señor y el Señor hace una algo raro en la Biblia. Dice que levanten un tronco y que pongan en él, de bronce, una serpiente con una palabra que es primera vez que la oí en esta en esta traducción. Dice, «una serpiente enroscadora.» Es la palabra, enroscadora, una serpiente que se enrosca en el palo y que está ahí. Dice, «cada vez que el pueblo sea picado, mirará la serpiente y quedará sana.» Entonces, hermanos, eso marcó tanto al pueblo y debió haber pasado algo tan real, tan real, que pasó a la Biblia.

Ustedes saben que la Biblia, Antiguo Testamento, toda esta parte primera fue transmitido de generación en generación oralmente. Y esto es casi como un pequeño spot, un spot bíblico. Nosotros tenemos que tener en cuenta a la hora de leer el Nuevo Testamento el Antiguo Testamento. Porque el Nuevo Testamento, que no es más que lo que ocurre en la iglesia, en la vida de Jesús y en los pocos años posteriores con los apóstoles, toda la transmisión de la fe está sustentada en el Antiguo Testamento. Cuando se quiere decir algo de Jesús, muchas veces se acude a verdades que vienen el Antiguo Testamento para explicarlo. Y esto es un hecho.

Cuando Jesús dice que él tiene que ir a Jerusalén, que en Jerusalén él va a ser martirizado, la gente no entendía aquello. Por la lógica del mundo, no la lógica del amor. Jesús por la lógica del amor se entrega. Los apóstoles, Pedro y esta gente dicen que no, y Pedro le dice, «No vayas.» Y Jesús le dice, «Apártate, Satanás.» ¿Por qué? Porque la lógica del amor está presente.

Muchas veces los padres de familia trabajan a partir de la lógica del amor. Pasan por encima cualquier cosa. Perdonan a los hijos cosas que para otros serían imperdonables, la lógica del amor. Y aquí Jesús lo hace, no para perdonar a otros, no, lo hace para perdonar a todos los hombres, porque Él dice que, muriendo en la cruz, Él quiere rescatar a los hombres que quieran ser salvados.

Entonces, cuando va a hablar el mismo Jesús, lo pone en los labios de Jesús. Cuando Jesús con Nicodemo, esto es un pequeño spot bíblico, Nicodemo es de aquellos que estaban muy metido en el templo y él quiere conocer a Jesús y va allá. Jesús le dice a Nicodemo, y le saca el Antiguo Testamento, ya que él era un maestro en el Antiguo Testamento, le dice, el Señor tiene que ser exaltado. Como lo fue en el desierto del Sinaí, aquella serpiente enroscadora.

Ahí los cristianos vieron en aquella serpiente, que al mirarla se salvaban las personas que habían sido picados por serpiente. Ahí el pueblo vio una imagen de Cristo. Cuando nosotros contemplamos a Cristo en la cruz, por eso la tenemos siempre en todas nuestras misas y en todos nuestros lugares para que saber que Él dio la vida por mí. Cuando nosotros miramos la cruz y la miramos con un corazón limpio diciendo, «Señor, gracias porque siendo Dios te dejaste clavar en la cruz.» Nosotros también recordamos que en el Antiguo Testamento se utilizó esa imagen, la imagen de una serpiente curadora, no solamente enroscadora, curadora porque así Dios lo quería. Eso es bueno tenerlo en cuenta, así vamos a entender muchas cosas del Nuevo Testamento.

Por eso, hermanos, hemos hablado sobre la cruz como en el Antiguo Testamento, aquella serpiente enroscada en la cruz al ser mirada, curaba, sanaba y como nosotros ahora en el Nuevo Testamento nosotros mirando a cruz, a Cristo en la cruz, agradeciéndole su sacrificio, nosotros también quedamos curados de nuestros pecados. Por eso nosotros tenemos que mirar a Jesús con fe y por eso nosotros debemos desear ser curados. Como aquellos israelitas deseaban ser curados, creyeron en la promesa de Dios y quedaban curados al ver la serpiente en la cruz. Aquí nosotros no vamos a ver un bicho fiero. No, aquí vamos a ver un hombre lleno de amor que sufre en la cruz por mí, por tu pecado, por mi pecado, por el pecado de la sociedad, por el pecado de todos los hombres.

También cuando nosotros contemplemos la cruz, mirémosla así y siempre digamos, «Señor, gracias. Te entregaste por mí. Gracias. Te hiciste uno igual que nosotros. Sufriste como podrías sufrir de más, pero todo lo hiciste por mi amor, para que nosotros tengamos vida y la tengamos en abundancia”.

Cuando miremos la cruz, démosle siempre gracias y gloria a Dios.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 14 de septiembre de 2025: Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

  1. Neidys Gusto en saludarte GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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