Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 21 de septiembre de 2025, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

“No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. No pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.” Lucas 16, 13

Hermanos,

Las lecturas de hoy como siempre son una riqueza, pero la lectura del evangelio de hoy es una de las lecturas que uno la oye de pequeño y si uno prestó alguna atención, por eso es que es bueno hacer silencio, disponernos, escuchar la palabra de Dios para que no se nos olvide. Por lo menos a mí, desde las primeras veces, me imagino que la he oído, a mí se me quedó grabado.

Es decir, la sagacidad de Jesús para enseñar. Jesús es capaz de poner un ejemplo malo, de elogiar la astucia de esa persona que hace las cosas malas, pero para decir hagan lo contrario, pero mantengan la astucia. Es decir, saber separar las cosas. Porque hay veces que confundimos el bien con la blandura, con el dejarse que pasen cosas y uno no evitarlas y así. No, el Señor quiere que en todos estemos seguros en lo que estamos.

Vamos, rapidito. Este es un hombre que tenía un puesto importante que le dijeron que estaba administrando mal, es decir, era corrupto, robaba, ladrón, y entonces fíjese bien cómo él hace que la corrupción que él vivía, la maldad la reparte, la comparte, porque la corrupción es así. Es decir, no solamente corrupto uno, sino la corrupción se va transmitiendo como si fuera un virus. Entonces, este hombre se pone a pensar y dice, «No, yo tengo que buscar una solución.» Y se pone a trabajar inteligentemente y dice, «Qué va,  para salir de esto, yo tengo que seguir corrompiendo gente. Entonces, fíjense bien como el pecado asocia pecado.

Ya no era él, sino era el otro que debía, el otro que debía, el otro que debía, el otro que debía. Entonces, el Señor del dueño dice, «es verdad que este hombre es inteligente.» Qué pena. Qué pena ser inteligente pero que sea corrupto. Qué pena. Y entonces dice aquella frase, «Ojalá que los que buscan el bien sean inteligentes y astutos para hacer el bien y no se dejen confundir.» Porque aquí en juego no hay un tesoro material que se acaba en el tiempo, como dicen otras parábolas, pasa y la polilla corroe los sacos, o viene un temporal y se lleva todo. No, aquí está juego el tesoro mayor que es mi salvación, y la presencia de Dios en el mundo.

Entonces, fijémonos bien, Dios exalta la inteligencia de este hombre corrupto, y a la vez condena el mal, y a la vez invita y dice, «Cuidado, no se dejen corromper, no se puede servir a Dios y al dinero”. Es una lección para todos nosotros. Hay una frase hermosísima que dice que es combatir el mal haciendo el bien. Si ustedes quieren, ya esa frase en sí es plena. Debe ser así siempre. Pero ahí podemos añadir después con inteligencia. Para hacer el bien hay que actuar con astucia y con inteligencia.

La astucia no es solamente para hacer el mal, que va. El que hace el bien tiene que ser astuto para el que el bien se haga, se note y se sienta que se ha hecho un bien. Entonces, ante ese presupuesto de que hay que buscar los bienes mayores, servir a Dios y no al dinero, vamos a ver las otras lecturas. Ya esto es algo que me puede servir a mí en mi vida diaria, en mi centro de trabajo, en la comunidad, en la calle, en la casa, con la familia, con los amigos.

Hermanos, procurar siempre el bien mayor, y siempre practicando la bondad y la justicia. Siempre buscando donde uno pueda hacer el bien mayor, y la manera de hacerlo para que sea más eficaz. Ese es el primero. Bajo ese prisma vamos a analizar las lecturas.

La lectura de hoy es esta carta preciosa de Amós. Hermanos, Amós es uno de los profetas menores. Se dice así porque sus cartas son pequeñas y no abarcan tantos temas, como son los de Jeremías, Isaías, Ezequiel. Pero bueno, es tremendo, además porque es el profeta de la justicia.

Cuando nosotros comenzamos la misa, en la oración, dijimos, «Señor, tú que has puesto en los mandamientos, en tu hijo Jesús, la ley entera, danos la gracia de procurar cumplir los mandamientos haciendo siempre el bien y desechando el mal”. Fíjense bien que tenemos que ver ahora cómo hacemos el bien y cómo desechamos el mal. Si nosotros tenemos en cuenta el evangelio que leímos, es con astucia, tenemos que luchar en este mundo que está también lleno de maldades y que es astuto para el mal, para corromper como vimos nosotros en la lectura. Y que por lo tanto, nosotros tenemos que procurar buscar los bienes de Dios con astucia, para poder vencer al mal.

Hermanos, el mal se vence con esa confianza que uno pone en Dios, y con la astucia natural que nosotros tenemos para procurar siempre bien, y no dejarnos arrastrar por el mal. Y pone el ejemplo de aquellos que solamente están buscando cómo explotar al pobre, cómo subir los precios, cómo comprar al pobre, cómo mantenerlo subyugado. ¿Por qué? Porque manteniéndolo sin dinero para que no pueda ni hablar, ni protestar. ¿Por qué? Porque es lo único que tiene, hermanos, eso se llama utilizar al pueblo, y se llama aplastar al pueblo. Lo mismo un dueño de un campo. Lo mismo hoy en este mundo de ahora, el dueño de una fábrica, alguien que tenga el poder, corrompe al pueblo cuando no le da lo que se merece. Corrompe al pueblo cuando lo aplasta. Corrompe al pueblo cuando lo utiliza, cuando lo engaña. Corrompe al pueblo cuando le impone su manera de pensar, y lo lleva a situaciones críticas, que el pueblo se siente desamparado y no tiene a quién acudir. Y como bien dice aquí, el pueblo sufre.

Todo aquel que manipule al pueblo, al pobre, llevándolo por caminos que el pobre no quiere, que no le da lo que se merece, que es lo menos, el sustento diario, hay que ponerse aquí arriba. Y lo mismo puede ser un particular, que tenga una empresa, una fábrica, puede ser el director de una escuela utilizando las cosas, puede ser un gobernante que impone una manera de ver las cosas y entonces llega una situación en que nadie puede ser crear un una ¿Cómo que se llama? ¿Cómo se dice? Un ambiente de opinión tal, que confunde a la gente, y no le permite a la gente discernir. Todo eso es corrupción. Todo eso es no darle lo que la persona merece por ser persona.

Entonces en esta lectura de Amós era fuerte, contra aquellos grandes propietarios de Israel de aquel momento, en la cual muchos de ellos clamaban mucho en el templo de Jerusalén, pero aplastaban al pueblo. Y termina con una ustedes frase, “ustedes juegan con la vida del pobre y del miserable, por algún dinero o por un par de sandalias, le dan unas migajas y después quieres que la gente te alabe”. Pero no, “pues el Señor lo jura por su tierra santa. Que jamás se ha de olvidar de lo que ustedes hacen.

Es decir, el mal está hecho y Dios no lo olvida. Pero no lo olvida para condenarnos. No lo olvida, para que nosotros nos demos cuenta que tenemos que cambiar. Que no se puede vivir así, dejar pasar. No el Señor lo tiene en cuenta. Es una llamada a que cada uno cambie su visión de las cosas, de la vida y se ponga precisamente a buscar siempre el hacer la voluntad de Dios, porque en los mandamientos de Dios, está la ley entera. Esa es la primera lectura.

Fíjense bien que eso lo podíamos hablar sin decir nada del evangelio, pero por algo la iglesia puso ese evangelio. Siempre hay que actuar en el mundo con astucia, para no dejarnos llevar por el mal.

En el salmo, que siempre un poco apoya la primera lectura del Antiguo Testamento, alaben al Señor que ensalza al pobre. El Señor celebra sobre todos los pueblos, ¿quién como el Señor nuestro Dios? Levanta al pobre, al desvalido, alza de su basura al pobre para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. El pobre, ¿quién es? Aquella persona humilde que confía en Dios, y que es capaz de vivir tratando de cumplir siempre y vivir según los mandamientos de la ley de Dios, haciendo el bien. Es el pobre. Pobre no es solamente el que le falta el dinero, pobre es aquel que, ante Dios, baja la cabeza y se siente pobre y humillado ante el Señor.

Señor, tus mandamientos son palabras de vida, yo quiero vivir según tú. Es el pobre. Por un lado, condena cuando nosotros aplastamos al pobre pueblo de Dios, que no tiene ni poder, ni dinero, ni mucha sabiduría. Y por otro lado dice, «El Señor no olvida, el Señor hace cumplir su palabra.»

Entonces viene la segunda lectura, mejor dicho, la carta del apóstol San Pablo a Timoteo. Recordemos que Timoteo y Tito eran aquellos jóvenes que cuando Pablo empezó a predicar, le fueron acompañando y que con el tiempo crecieron en la fe, y con el tiempo Pablo los dejó al frente de comunidades ya como obispos. Entonces esta carta, que son las apostólicas, él se la manda a estos dos obispos, jóvenes obispos, para que ellos actúen con sabiduría, con astucia. Para que actúen con astucia y sabiduría para predicar el nombre del Señor.

¿Qué recomienda? En todo momento hagan peticiones, oraciones, súplicas, oraciones de acciones gracia por los hombres de todas las clases. No por los míos, no, yo necesito. Sí, sí, pide por lo tuyo, por tu familia, por esto, por ti… por los hombres de todas clases. No separes. Pero dice algo de manera especial, por los jefes de estado y todos los gobernantes. ¿Y por qué? En primer lugar, porque toda autoridad viene de Dios. Y la autoridad Dios la da para hacer el bien.

Nadie puede tener autoridad para emplearla en el mal, para emplearla en su beneficio, para emplearla para aplastar a los demás, para corromper a los demás, como hacía aquel hombre, que le daba un poco de dinero para que no lo denunciaran ni hicieran nada. Eso se llama corromper al pueblo. Entonces, pidan por ellos. Pidan por ellos, ¿para qué? Para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, con toda piedad y dignidad, que es lo que el pueblo quiere. Y los gobernantes son los primeros responsables, es decir, todos aquellos que tenga autoridad, son los primeros responsables, porque ellos influyen sobre los demás.

Y dice que eso es bueno y eso es lo que agrada al Señor nuestro Dios. Quiere que todos los hombres se salven, que esos tiranos y esas personas que se creen muy poderosas se salven también ellos, pero que vayan por el bien. Hay un único Dios. Oren. Eso es lo que nos dice el Señor, hermanos, tenemos que orar, hay mucha confusión. en el mundo entero. Mucha confusión. Y nosotros vemos que la avaricia, la prepotencia, la soberbia está el poder.

Entonces, se apodera del mundo, se crean las divisiones, nos sentimos jueces de los demás y muchas veces eliminamos hasta de manera trágica a los otros, creando la muerte, llevándola, tantas guerras que hay en el mundo, tanta confusión. Entonces, el Señor da al final una recomendación. «Quiero pues que oren los hombres en todo lugar.» Recordemos, “Que levanten al cielo las manos limpias, tratando de que el pecado no esté en ellas, ni la corrupción. Que levanten al cielo las manos limpias, sin enojo ni discusiones”. Qué maravilla. Qué maravilla, y todo eso se cumple, si nosotros somos capaces de seguir los mandamientos, porque en ellos se cumple la vida entera y Dios no olvida. El Señor nos dará la fuerza para poder vivir así y nos dará el perdón, si verdaderamente después nos arrepentimos si algún día caemos en algo malo.

Que Dios nos ayude en eso, hermanos. Oremos, oremos por todos, enemigos y amigos. Y el ejemplo que pone es como Jesús, que siendo Dios se ofreció por nosotros la cruz, por todos, buenos y malos, y para perdonar qué cosa, nuestros pecados. Que el Señor nos guíe. Mantengamos la astucia. La astucia es buena siempre. Pero la astucia es buena para hacer el bien, no para hacer el mal.

Que el Señor nos libre del pecado de la corrupción. Porque eso significa que nuestro pecado lo estamos repartiendo para que, en vez del bienestar en el mundo, se haga presente el pecado en muchos lugares.

Que el Señor nos ayude a vivir así, y nos acompañe.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, el 21 de septiembre de 2025, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

  1. Neidys Publicadas GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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