“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose le adoraron” Mateo 2, 11
Hermanos,
Estamos en la fiesta de la Epifanía del Señor. Epifanía ustedes saben bien que significa manifestación, alguien que se da a conocer a aquellos que no le conocen, algún alguien que se presenta. Que nosotros, los pueblos de tradición hispana, llamamos el día de Reyes.
Este es un día en que los niños son el centro del día, que ya uno venía preparándose un poco en los días anteriores, esperando que llegara este día, y entonces era ese esos momentos en que disfrutábamos de aquellas cosas de aquellos regalos que los Reyes nos traían. La inocencia, una inocencia linda. Linda porque uno se siente atraído por lo maravilloso de que los Reyes vengan en camellos a traerme un regalo.
Después la vida se encarga de decir, espérate es diferente, pero si nosotros perdemos la inocencia del niño, que nos dice que tenemos que buscar otras realidades que no sean las propias de cada día, de cada momento, sino que las cosas tienen sentido, ah, si nosotros perdemos eso, ese día empezamos a hacernos viejos. Hay que luchar, poner los pies en la tierra, la realidad, pero manteniendo siempre la posibilidad de que, en el caso de nosotros los cristianos, de que Dios actúe.
¿Por qué, hermano? Porque eso nos va a permitir aspirar a cosas mayores. Cuando uno quiere lograr algo, uno tiene que pensarlo o como decimos, soñarlo. Yo no puedo aspirar grandes cosas si no las he soñado, si no las he esperado. Eso entra, eso forma parte de la estructura de un proyecto. Entonces, esa es nuestra vida.
Nosotros también tenemos que esperar y tenemos que luchar por algo. Los niños, al pensar en los reyes, ellos piensan que hay un bien que no lo vemos, pero que ese bien acude a nosotros y nos hace ser felices. Y nosotros tenemos que pensar porque la vida es así.
Ya después la vida se encarga de demostrarnos de que, para lograr las cosas, hay que luchar mucho, siempre confiando en el Señor y siempre poniéndolo en sus manos. Entonces, esa es la primera cosita. Es decir, esperar. Esperar y soñar. La otra cosa es el verbo buscar. ¿Por qué los reyes encontraron al niño Señor Jesús?, porque buscaban.
Ustedes saben que la palabra mago significa sabio en aquella época. Los magos eran los sabios. Y estos sabios, pues buscaban. Y estos sabios coincidieron buscando la verdad, que es lo importante, como sabio, persona inteligente es la que busca la verdad. La persona que se conforma con el diario de la vida y que no indaga, ah, se queda así. Pero el sabio busca porque esa es la función, es lo que nos caracteriza a nosotros los hombres del resto de la creación, la inteligencia para buscar. Ellos que buscaban la verdad. ¿Y a quién encontraron? A Dios. Porque si tú buscas la verdad, tú encuentras a Dios. Porque Dios que es Creador de todo, no puede dar señales distintas.
Si tú sigues la lógica de Dios, tú vas a encontrar que, en la verdad, Dios mismo está. Y digo la lógica de Dios, porque no es diferente a la lógica de la naturaleza. La lógica de Dios no es diferente. La lógica de Dios nos dice que, si tú te pones a escudriñar el porqué de la vida, el porqué de las cosas, tú al final vas a descubrir la presencia del Señor. ¿Cómo se completa ese cuadro? Con Jesús, perfecto revelador del Padre que vino a manifestarse, y a decirnos quién es Dios, que somos llamados a Él, se ofrece por nosotros por la salvación. Por eso yo le digo, hermanos, que hay que buscar y el que nosotros buscamos a Dios, Dios se manifiesta.
En los evangelios hay tres momentos de Epifanía. Este es el más conocido. Fíjense bien que es una Epifanía que se manifiesta a nosotros. A José y a María, Dios se le manifestó, y le dijo, “Vas a ser la madre del hijo de Dios”. Y a José le dijo, «Cuídala que eso que tiene en su vientre es de Dios”. A los pastores del pueblo de Israel, del grupito de allí de Belén, el Señor también se le presenta, es decir, se presenta un ángel hablando y diciéndole a ellos, «Vayan”. Cuando ellos vieron al Niño, porque buscaban, el ángel los intrigó y fueron a buscar, encontraron un Niño envuelto en españoles como se le había dicho.
No un poderoso, sino un niño, que nadie, ni los de la casa, ni los vecinos, porque cuando nace un niño y en un lugar, así como ese, pequeño, es un acontecimiento. Pero era un niño, el hijo de María y José, que estaban juntos.
Los tres grandes momentos de Epifanía del Señor Jesús: los Reyes Magos que buscaban y encontraron y le adoraron y le ofrecieron regalos. Ojalá que nosotros podamos ofrecerle nuestras vidas al niño Dios. El otro momento grande de manifestación a otros pueblos, a otras personas en el bautismo del Señor. Jesús oía que su pariente Juan el Bautista, estaba predicando un evangelio, un mensaje de salvación, la conversión y Él dijo, Yo voy a ir porque, se sentía llamado precisamente como Dios y hombre, pero como hombre, se sentía llamado a la búsqueda de la verdad siempre.
Voy a escuchar a Juan. Y cuando estaba derramándole el agua Juan, ahí en ese mismo momento se oyó voz del cielo, «Este mi hijo amado, mi predilecto, escúchenlo”, se manifestó a todos aquellos que el Señor quiso que escucharan estas palabras, para decir, «Este es el Salvador, no de un grupito, no, porque va a salvar a todos los pueblos.
La tercera, nos la presenta el Evangelio de Juan. Él dice que esto, que yo voy a relatar ahora, que es del Evangelio, es el primer signo que hizo Jesús. Para Juan, los milagros, él los llamaba signos. Y un signo es algo que se ve. Por lo tanto, Jesús hizo algo que se veía. Es decir, que se constataba, ¿a quién? A toda aquella gente que estaba en la boda de Caná de Galilea. Ustedes conocen la historia.
¿Quién supo que Jesús había se había manifestado de esa manera con su poder? María, su madre. Seguro que los discípulos, los dueños de la casa, el mayordomo, ¿cómo puede ser esto? Y ahí es cuando Jesús comienza su vida pública. Es el primer signo que Él da, el primer signo de manifestación que da como Hijo de Dios, como Salvador.
¿Qué podemos sacar en este día? En primer lugar, hermanos, que tenemos que buscar al Señor. Hay que buscarlo. Y poner nuestro empeño, para vivir la vida en plenitud, para encontrar el sentido de las cosas, entre ellos de la vida, que es el fundamental. Tenemos que buscar a Dios. Las personas que no le conocen, les pido, busquen la verdad, busquen la verdad y en esa búsqueda, busquen también lo que dice Jesús para ver si es verdad, no lo cierren, no lo aparten, como hay personas que ah… eso es de la Biblia, yo, no, qué error, qué error. Búsquenlo, busquen al Señor Jesús. Lo primero.
Nosotros que creemos en Él, que es nuestro Salvador, el Hijo de Dios, también hagamos el esfuerzo de buscarlo un poquito más, porque puede ser que no lo encontremos y no le demos mucha importancia en nuestra vida. No. Hay que buscar y cuando lo encontremos, agarrarlo. No te me vas. Te he encontrado.
Él se manifiesta, hermanos. Él nos da la paz, su consuelo y eso que nosotros hemos pedido ahí, para que algún día nosotros también contemplemos la hermosura de su gloria. Si no lo buscamos, no la vamos a encontrar. Que Dios nos ayude, hermanos, a vivir así. En la búsqueda. Dediquemos tiempo en la búsqueda del Señor Jesús. Leamos las escrituras. Todos los textos de hoy nos hablan de que Él se quiere manifestar a todos los pueblos de la tierra. Desde Isaías, a la carta a los Efesios que Pablo nos dice, hasta este evangelio de los Reyes Magos que buscaron y encontraron.
Que Dios nos ayude, hermano, a vivir así para tener nuestra fe siempre viva, sabiendo que el Señor está con nosotros, que le hemos encontrado y Él quiere vivir en nosotros. Que el Señor nos acompañe.

Neydis FELIZ Y SANTO AÑO dentro de lo que cabe… esperar con calma GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO
Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..
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