XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos y amigos,
El apóstol san Pablo en su carta a los filipenses, a quienes quería como a las niñas de sus ojos, los exhortaba con palabras cargadas de amor. Les decía: “llénense de alegría teniendo todos una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma” y añadía “Nada hagan por espíritu de rivalidad ni presunción; antes bien, por humildad (…) no busquen su propio interés, sino el del prójimo” (Filip 2, )
Las palabras del apóstol son muy fuertes, ¡es indiscutible! Nos evocan los Evangelios escuchados los domingos anteriores, con las enseñanzas de Jesús sobre el perdón gratuito y el amor generoso. ¡Cuánto nos cuesta vivir de este modo!
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ILUMINA, SEÑOR, MI MENTE
para que sepa descubrir tu voluntad
y para que viva unido a Ti.
ABRE MIS OJOS
para que vea tu acción y tu presencia
en medio de mis hermanos.
ABRE MIS OÍDOS
para que sepa oír con comprensión y con cariño.
INSPIRA MI BOCA
para que diga la palabra oportuna y,
sobre todo, para que te comunique a ti.
ACTIVA MIS MANOS
para que sepa servir.
DIRIGE MIS PIES
para que en cada momento,
ocupe el lugar que Tú quieres.
DESPIERTA MI CORAZÓN
y apasiónalo por ti y por tu Reino.
Señor, que toda mi persona sea un instrumento
del que te puedas servir para seguir amando.
Amén.
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Al escuchar el Evangelio de este domingo, tomado del relato de san Mateo en el capítulo 21, a partir del versículo 28, descubrimos que no puede existir un divorcio entre lo que dicen nuestros labios y lo que obramos. Lo sabemos, a muchas propuestas decimos que sí aunque en lo profundo de nuestro corazón no las aceptamos. Eso es falsedad e hipocresía, esas son palabras que nos llevan a vivir en la mentira.
Dispongámonos a escuchar la palabra de Jesús. Que ella nos ilumine e inspire en este último domingo del mes de septiembre.
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ILUMINACIÓN BÍBLICA
Evangelio Dominical: Mateo 21, 28-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» Ellos le respondieron: «El segundo».
Entonces Jesús les dijo: «Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».
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El mensaje de la parábola está claro: no cuentan las palabras, sino las obras. Las obras hablan por sí solas, hablan de lo que abunda en el corazón, hablan de lo que anima y motiva nuestra vida. La convivencia humana, un día tras otros, revelan verdaderamente a la persona que tenemos cerca. Las palabras pueden ayudar a enmascarar, contribuyen a vender la imagen que queremos que los otros tengan de nosotros, sin embargo, las obras siempre pondrán de manifiesto la verdadera persona que somos.
En la vida de una persona auténtica y consecuente, palabras y obras van de la mano. Es verdad, todo proceso de maduración humana exige perfeccionar y purificar lo torcido, también en la vida de un cristiano. La llamada a la conversión es para todos, siempre es asignatura pendiente, sobre ella tenemos que volver continuamente. La conversión es lo que nos hace crecer como individuo y por supuesto como discípulo de Cristo, en quien encontramos el modelo y el Maestro.
La Iglesia nos enseña a examinar nuestra conciencia, al menos una vez al día, antes de irnos a dormir. Nos invita a revisar nuestros pensamientos, palabras y obras; nos invita a caer en la cuenta del bien que podíamos haber hecho y que no hicimos o el mal que podíamos haber evitado y sin embargo hicimos. De este modo la Iglesia nos invita a reconocernos hombres y mujeres necesitados de conversión, nos invita a escuchar la llamada del Señor a ser auténticos cristianos, testigos de la verdad evangélica. No podemos, queridos hermanos y amigos, pensar de un modo y obrar de otro. ¡Eso es falsedad!
Así, el Señor hoy concluye su enseñanza con palabras muy fuertes dirigidas a los que llevan una vida falsa y vacía, carente de una espiritualidad auténtica, sin un verdadero compromiso de vida. A ellos les dice: “Los publicanos y las prostitutas van por delante de Uds. en el Reino de Dios. Porque vino Juan a Uds. enseñándoles el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, Uds. no se arrepintieron ni le creyeron” (Mt 21, 31-32), es decir, muchas veces “los que sufren a causa de sus pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cerca del Reino de Dios”. (Benedicto XVI, 25.9.2011)
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ORACIÓN
Un corazón abierto y vacío
atrae tu gracia, Señor.
Un corazón abierto y vacío
es lo que quiero ofrecerte en esta oración.
Un corazón abierto a tu plan sobre mí
y a tu invitación de colaborar en tu viña.
Un corazón vacío
de todo lo que no eres Tú, Señor,
porque Tú eres mi tesoro y mi recompensa;
un corazón vacío de mí mismo,
para poder recibir tantas bendiciones
que me tienes reservadas hoy
por eso, Señor, toma mi corazón
y extiende en él tu Reino.
“Ve a trabajar hoy en mi viña”, me dices,
pues sufre sequía de tantas cosas:
de amor, de paz, de esperanza…
La viña tiene hambre de pan y de Ti, Señor.
Invítame, aliéntame, búscame…
porque quiero consolar a mi pueblo,
viña tuya y nuestra. Amén
Queridos hermanos y amigos, sin lugar a dudas, “con esta parábola Jesús reafirma su predilección por los pecadores que se convierten, y nos enseña que se requiere humildad para acoger el don de la salvación”. (Benedicto XVI, 28.9.2008) que Dios ofrece.
Nos toca a nosotros no defraudar al Señor. Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús necesitamos un corazón abierto a la conversión, un corazón que busque la verdad, un corazón donde no haya separación entre la fe que profesan nuestros labios y el modo de obrar y vivir.
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Dentro de unos días comenzamos el mes de octubre, el mes del Santo Rosario. El rosario no es la oración de los aburridos, ni es una oración para quedarse dormido. El Rosario es la oportunidad de meditar la vida de nuestro Señor Jesucristo, es un modo de contemplar sus misterios y aprender de ellos, para tenerlos presentes en el diario vivir. Hagámoslo de la mano de María Santísima, la Madre del Señor Jesús, su primera discípula.
En las noches de apagones reza el Rosario, pide al Señor y a su Madre que acompañe tus largas vigilias, encomienda a Dios tus dificultades, temores y esperanzas; encomienda a tu familia, ten presente a tus vecinos… a tanta gente que no tiene tu serte, la de ser creyente, la de confiar en Dios y saber invocarlo. Sí, aprovecha las noches para rezar y medita los misterios de la vida del Señor, con el rosario entre tus dedos.
Durante estos días, Cáritas está distribuyendo la ayuda humanitaria procedente de los Estados Unidos. Hemos terminado la zona de Quemado de Güines, y a finales de octubre comenzaremos en las zonas de Paredes y Guacimal en el sur de Sancti Spíritus. Reza por los voluntarios de Cáritas y reza por esas familias beneficiadas, reza por el pueblo cubano para que Cristo Jesús reine en el corazón de todos y así se opere la verdadera transformación.
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Que los bendiga Dios todopoderoso
+ Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.
Familia que reza unida, permanece unida.
A Jesús por María, la caridad nos une.
Feliz domingo.
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara
