MENSAJE RADIAL DE MONSEÑOR WILLY, ARZOBISPO DE CAMAGÜEY EL DOMINGO 11 de octubre del 2026

¡Muy buenos días a todos y feliz domingo! Hoy me acompaña de nuevo en los micrófonos el Diácono Permanente Harold Pérez, quien realiza su labor pastoral en la iglesia de San Lázaro, en esta ciudad de Camagüey. Comenzamos nuestro encuentro dominical haciendo juntos la señal de la cruz y mencionando el nombre santo de Dios.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. AMÉN. Que Dios nuestro Señor, el que demuestra su fuerza perdonando y teniendo misericordia esté hoy y siempre con todos ustedes. Y CON TU ESPÍRITU.

Canto: Jesús es Señor

Queridos hijos e hijas: En el evangelio que ahora escucharemos, Jesucristo, por medio de una parábola o cuento sobre un rey que preparó la boda de su hijo y los invitados se resistieron a participar, quiere advertir a los judíos que se va a predicar el evangelio a los extranjeros y a los despreciados, ya que ellos, que eran los convidados en primer lugar, rechazaron la invitación.

Escuchemos atentos esta narración que nos leerá el Diácono Harold, nuestro invitado de hoy.

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO, capítulo 22, versículos del 1 al 14

“En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: ‘El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: ¡La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’.

Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

PALABRA DEL SEÑOR. GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS

Queridos todos: Esta parábola está íntimamente relacionada con las dos anteriores y las tres quieren testimoniar un hecho: la sustitución de los judíos por los que eran de otros pueblos en el reino de Dios, y enseñar una nueva doctrina: la salvación que Jesucristo trajo al mundo es para todos los hombres, sin distinción de razas y condiciones.

Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquella gente que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En esta parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir”. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios. Y otros llegaron más lejos: insultaron a los criados e incluso llegaron a matarlos.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde camina tanta gente errante, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

Una escena curiosa se nos narra al final: uno que ha entrado al banquete sin el traje de bodas y es arrojado por el rey. La enseñanza es ésta: no todos los que hayan entrado al banquete de bodas, a la Iglesia, ya por ello pueden considerarse salvados. Será necesario el vestido nupcial de la gracia. La necesidad de este vestido es una advertencia para que todos sepan que no basta haber entrado en la Iglesia para creerse ya seguros; hay que estar siempre vestidos con el traje de la gracia y las buenas obras.

El resumen de esta parábola podría ser el siguiente: Dios ha invitado reiteradamente al pueblo judío a entrar a su reino mesiánico, pero los judíos, por haberse negado obstinadamente a entrar, serán sustituidos por otros pueblos.

El mensaje de este evangelio de hoy es de plena actualidad. Dios nos llama a todos, hoy como ayer. La respuesta de cada uno puede ser un sí o un no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros. Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdad nos interesa. Todo el evangelio es una invitación: podemos responder sí o no. En medio de nuestra forma de vida, a veces superficial, ¿no se nos estará escapando una vida verdadera y llena de sentido?

Tal vez, podríamos preguntarnos: ¿Dónde buscamos hoy la felicidad? Para muchos, la felicidad está en tener más, en comprar más, en logar más seguridad material en nuestra vida, etc. Para no pocos, la felicidad estará en el placer inmediato. Pensemos en los demás que nos rodean. Convirtamos nuestra vida en una fiesta donde la alegría y el amor verdaderos sean un banquete de bodas donde todos se sientan invitados.

Canto: Dios está aquí

UNA ENSEÑANZA PARA SU VIDA

Amables oyentes: Hoy quisiera hablarles del valor del silencio. Y de cómo nuestras iglesias y capillas deben ser lugares de silencio. Recuerdo una ocasión en la que yo, siendo el sacerdote de la iglesia de La Merced en esta ciudad, atendí a un hombre que se acercó a mí para preguntarme: “¿Usted me permite sentarme en un banco de la iglesia para, así me dijo, “organizar mis pensamientos”? Ese hombre estaba buscando un espacio que necesitaba de silencio. Tal vez no venía a rezar, a lo mejor no era creyente. Pero necesitaba del silencio.

Por eso nuestras iglesias deben brindar a todos ese espacio. Y no se deben rodear de música o altavoces. Música o altavoces que a nadie se les ocurriría poner al lado de un hospital o de una funeraria, que también deben ser espacios de silencio. Incluso las misas a cada rato se ven interrumpidas por teléfonos celulares que empiezan a sonar.

Nuestros pueblos y ciudades ofrecen hoy día un clima poco propicio a quien quiera buscar un poco de silencio y paz para encontrarse consigo mismo y con Dios. Es difícil liberarse del ruido permanente y del asedio constante de todo tipo de llamadas y mensajes. Por otra parte, las preocupaciones, problemas y prisas de cada día nos llevan de una parte a otra, sin apenas permitirnos ser dueños de nosotros mismos.

Ni siquiera en el propio hogar, escenario de múltiples tensiones e invadido por la televisión, es fácil encontrar el sosiego y recogimiento indispensables para descansar gozosamente ante Dios.

Pues bien, en estos momentos en que necesitamos más que nunca lugares de silencio, recogimiento y oración, los creyentes debemos detenernos, interrumpir por unos minutos nuestras prisas, liberarnos por unos momentos de nuestras tensiones y dejarnos penetrar por el silencio y la calma de un recinto sagrado. Muchos hombres y mujeres se sorprenderían al descubrir que, con frecuencia, basta pararse y estar en silencio un cierto tiempo, para aquietar el espíritu y recuperar la lucidez y la paz.

Cuánto necesitamos hoy ese silencio que nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos para recuperar nuestra libertad y rescatar de nuevo toda nuestra energía interior. Acostumbrados al ruido y a las palabras, no sospechamos el bienestar del silencio y la soledad. Deseosos de noticias, imágenes e impresiones, se nos ha olvidado que sólo alimenta y enriquece de verdad al hombre aquello que es capaz de escuchar en lo más hondo de su ser.

Sin ese silencio interior, no se puede escuchar a Dios, reconocer su presencia en nuestra vida y crecer desde dentro como hombres y como creyentes. La parábola de Jesús es una grave advertencia. Dios no cesa de llamarnos, pero, lo mismo que los invitados del relato de la parábola de hoy, seguimos cada uno, ocupados en nuestras cosas, sin escuchar su voz o escuchándola, pero sin prestarle toda nuestra atención.

Realmente no nos gusta hacer silencio. Baste caer en la cuenta de cómo, si tenemos que esperar unos minutos a alguien, sacamos de nuestros bolsillos o cartera, nuestro celular y ocupar el tiempo en escuchar noticias o hablar, hablar y hablar. No pudimos esperar a la persona que queremos ver haciendo un larguísimo silencio de ¡diez minutos!

LA PREGUNTA DEL DÍA

Les agradecería que me dieran algunos consejos para mejorar las relaciones con mi suegra. Ella es muy buena y creo que el malo soy yo. Gracias.

Amable, sincero y humilde oyente: Todos sabemos que, en la mayoría de los casos, las suegras son también abuelas. Gozan, por tanto, del cariño de sus nietos y nietas, que las adoran. Y son una ayuda insustituible para los padres con los niños, porque tienen con quién dejarlos mientras ellos salen de vacaciones, o trabajan, o van a un restaurante a comer, etc. Muchas de las suegras, aun sintiéndose mal de salud, cuelan el café, o se ponen a moler el maíz para hacer unos tamales, etc. En los tiempos que corren muchas veces han sido las suegras quienes han enseñado a cocinar a sus nueras, a cómo estirar una pequeña latica de sardinas, a cómo virar el cuello dañado de las camisas de esposos e hijos para que duren un poco más, etc. Y no digamos de los remedios naturales para cualquier enfermedad. Mención aparte merecen sus sabios consejos ante las adversidades que los más jóvenes de la casa pudieran estar pasando. En resumen, que muchas suegras son el bastón necesario que necesitan los matrimonios jóvenes.

Como usted sabe, en sentido general las suegras tienen “mala prensa”. Se les asocia con conflictos, chismes, sobre quién manda en la familia, etc. Son objeto de bromas y chistes infundados. El recordado Papa Francisco, en una homilía dijo lo siguiente: “La suegra es madre, es anciana. Una de las cosas más bonitas de las abuelas es ver a los nietos. Cuando los hijos tienen hijos, ellas reviven. Tenemos que hacerlas felices para que lleven adelante su vejez con felicidad. Y si tienen algún defecto hay que ayudarlas a corregirse”. Fue entonces que, dirigiéndose especialmente a las suegras, añadió con simpatía: “Y a ustedes, las suegras, les digo: “Estén atentas a la lengua, porque la lengua es uno de los pecados más malos de las suegras”.

He leído que, al igual que se celebra el día de las Madres, de los Padres, de los Abuelos y de los Hermanos, también se celebra el 26 de octubre, el día de las Suegras. No sabría decir si se celebra también en Cuba, pero sería bueno.

Le comparto ahora unos consejos que también he leído y que pienso podrán hacer mucho bien a yernos y nueras:

Nunca deben olvidar que la suegra y el suegro son los padres de su esposo o esposa, y que, por ello, también lo quieren a él o a ella. Y que, gracias a ellos, la tienen o lo tienen ustedes ahora.

Desde un primer momento, muestren a la suegra y al suegro respeto y consideración.

Establezcan desde un principio límites saludables, a fin de evitar interferencias en las actuaciones y decisiones que tomen con el esposo o la esposa.

Generen un vínculo positivo, propicien encuentros de cercanía y compartan con él o ella, yendo de compras, a pasear o a comer.

Tengan algún gesto con él o ella en una fecha especial: en su cumpleaños, el Día de las Madres o de los Padres, en Navidad o cualquier otro día que sea importante para el suegro o la suegra.

Tanto el yerno como la nuera deben ser agradecidos, pacientes y tolerantes.

No hagan críticas o comentarios negativos de su esposo o esposa delante de tus suegros, aunque tengan la razón. A ninguna madre ni a ningún padre le caerá bien que les hablen mal de su hijo o hija.

Y empiecen a celebrar privadamente el Día de la Suegra cada 26 de octubre. Inviten también al suegro.

Queridos oyentes: ahora los invito a rezar el Padrenuestro, la oración que el mismo Cristo nos enseñó: PADRE NUESTRO… Y contemplando el cuadro o la estampa de la Virgen de la Caridad que tienen en su hogar, pídanle a ella que todos sintamos en cualquier momento, especialmente los difíciles, su manto maternal sobre nosotros. Rezamos el Avemaría: DIOS TE SALVE, MARÍA…

Solo me resta darles la bendición, bendición que desearía llegara a todas las familias, especialmente a las más necesitadas. Inclinen sus cabezas, por favor, y respondan cada vez con la palabra AMÉN que, como sabemos, significa “así es”, “así lo creo”, “así lo deseo”.

Jesucristo, el Señor, esté siempre a su lado para defenderlos. AMÉN. Que Él vaya delante de ustedes para guiarlos y detrás de ustedes para protegerlos. AMÉN. Que Él vele por ustedes y los sostenga. AMÉN. Y que la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.

Les recuerdo que, si Dios quiere, nos volveremos a encontrar el próximo domingo, a las 9 de la un mañana, y por esta Emisora Provincial.

¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!

Canto final: Jesús está entre nosotros

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