XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Queridos hermanos y amigos,
“En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor”.
Con estas palabras del apóstol Pablo en su primera carta a los cristianos de Tesalónica (1 Tes 1, 1-5) los he querido saludar a todos en esta mañana de hoy. ¡Qué hermoso cuanto dice el apóstol en esta carta, que es la más antigua de cuantas escribió el gran evangelizador de todos los tiempos, san Pablo.
Y es que siempre que visito las ciudades y pueblos de la Diócesis, unos grandes y otros pequeños, urbanos y rurales, unos más cercanos a las ciudades y otros escondidos y alejados en la geografía diocesana y me encuentro con las comunidades cristianas, no dejo de admirarme de la inquebrantable fe que los sostiene y el empeño por llevar una vida cristiana, ejerciendo la caridad con todos, a pesar de las limitaciones y dificultades del momento presente.
Con cuanta creatividad, en el marco de una sana corresponsabilidad eclesial, mantienen viva la llama de la fe en las parroquias sin sacerdotes, sin dejar morir los proyectos caritativos… ¡Cuántas iniciativas por socorrer a los más indefensos! ¡Dios los bendiga! Les confieso que quedo gratamente edificado por la constancia en la vida cristiana, que entre ustedes sigue creciendo. Dios los guarde y el Espíritu continúe fortaleciéndolos y guiándolos.
Y permítanme continuar con las palabras del apóstol Pablo: “Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos”.
Hay algo que ningún misionero, catequistas y evangelizador puede perder de vista, algo de lo que debemos estar bien conscientes, y es que cada uno de los miembros de la comunidad cristiana ha sido elegido por Dios y tocado por su gracia. Es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, no es la simpatía ni las capacidades humanas del misionero quienes mueven los corazones y obran las conversiones, es el Señor quien hace surgir la fe en las personas y suscitar la comunión con su Iglesia.
Demos gracias a Dios por el don de la fe y porque nos ha llamado a formar parte de la familia de los bautizados, de la Iglesia. Es una bendición grande formar parte de la comunidad cristiana y en su seno escuchar la Palabra de Dios, que siempre ilumina, guía y consuela al pueblo santo de Dios; es una gran bendición poder celebrar la fe y recibir los sacramentos como miembros de la Iglesia para fortalecer nuestra condición de hijos de Dios y de peregrinos hacia el cielo. Sí, demos gracias a Dios por esta oportunidad y beneficiémonos de ella, sin excluir a nadie, procurando hacer a otros partícipes de estos dones celestiales.
——–
ORACIÓN
Proclama mi alma tu grandeza, Señor.
Mi alegría echa raíz en tu vida,
en tu presencia, en tu promesa.
Tú miras mi pequeñez,
y a tus ojos, y en tus manos
soy la persona más grande del mundo.
Tú traes salvación y prometes amor
allá donde reina el egoísmo.
Prometes libertad a quien vive encadenado.
Ofreces encuentro a los abandonados
y abundancia a los que nada tienen.
Lo hiciste en otro tiempo
y lo sigues haciendo en tantos
que hoy viven y actúan en tu nombre.
Yo quiero actuar en tu nombre,
hablar con tus palabras,
abrazar con tu ternura
como María, como tantos otros,
ahora y por siempre. Amén.
(José María R. Olaizola, sj)
——–
ILUMINACIÓN BÍBLICA
Evangelio Dominical: Mt 22, 15-21
“En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te acobarda, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?».
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo». Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César». Y Jesús concluyó: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
——–
Indiscutiblemente escuchando al Evangelio según san Mateo en el capítulo 22 y a partir del versículo 15 encontramos con sorpresa en los interlocutores de Jesús, que eran discípulos de los fariseos y de los partidarios de Herodes, unas palabras de aprecio y valoración a la persona de Jesús: “Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie”.
Sabemos que esta afirmación en labios de los fariseos y de los herodianos brota de la hipocresía, su corazón está lejos de la verdad; ellos no creen en Jesús, más bien quieren tenderle una trampa para tener un argumento y poder acusarlo.
“Para nosotros en cambio, esa expresión es preciosa y verdadera: Jesús, en efecto, es sincero y enseña el camino de Dios según la verdad y no depende de nadie. Él mismo es este «camino de Dios», que nosotros estamos llamados a recorrer”. (Benedicto XVI, 16.X.2011)
Hoy es el domingo de las misiones, orar y colaborar por las misiones, eso es verdad pero sin olvidar que todos estamos llamados a ser misioneros del Evangelio de Jesucristo.
Ser misionero del Evangelio de Jesucristo implica ser los primeros en enamorarnos de Jesucristo y de sus enseñanzas, creciendo en la vida espiritual de la mano de Cristo como Señor, maestro y modelo, para así y solo así poder dar a conocer a los demás la belleza del Evangelio.
En este camino de seguimiento a Jesús Maestro podrás cansarte, sentirte frustrado y desilusionado de ti mismo o de algunos a tu alrededor, podrás recibir la burla y el desprecio de los tuyos, de la familia y de los amigos, incluso podrás ser traicionado, no decaigas ni desistas, Dios te ha elegido, no lo olvides, te eligió, te ama y quiere contar contigo para siempre.
Nuestro esfuerzo personal de conversión y de evangelizar, unido a los esfuerzos del resto de los hermanos de la comunidad cristiana, se convierte en un testimonio creíble para los incrédulos.
Recuérdenlo, no lo olvidemos nunca, el testimonio de nuestra vida respaldando el anuncio de la Palabra de Dios que hacemos, puede abrir el corazón de quienes están en busca de la verdad y ayudarles así a descubrir la fe en Jesucristo y el sentido de la propia vida.
——–
No te rindas,
aunque a veces duela la vida.
Aunque pesen los muros
y el tiempo parezca tu enemigo.
No te rindas,
aunque las lágrimas
surquen tu rostro y tu entraña
demasiado a menudo.
Aunque la distancia
con los tuyos parezca insalvable.
Aunque el amor sea, hoy,
un anhelo difícil,
y a menudo te muerdan
el miedo, el dolor, la soledad,
la tristeza y la memoria.
No te rindas. Porque sigues siendo capaz
de luchar, de reír, de esperar,
de levantarte las veces que haga falta.
Tus brazos aún han de dar muchos abrazos,
y tus ojos verán paisajes increíbles.
Acaso, cuando te miras al espejo,
no reconoces lo hermoso, pero Dios sí.
Dios te conoce,
y porque te conoce sigue confiando en ti,
sigue creyendo en ti,
sabe que, como el ave herida,
sanarán tus alas y levantarás el vuelo,
aunque ahora parezca imposible.
No te rindas.
Que hay quien te ama
sin condiciones,
y te llama a creerlo.
(José María R. Olaizola sj)
——–
El 24 de octubre celebraremos la fiesta de san Antonio María Claret, arzobispo de Santiago de Cuba entre los años 1851 y 1857, modelo de hombre entregado a la difusión del Evangelio. Primero fue misionero en Cataluña, en Islas Canarias y en estas tierras cubanas donde defendió a los esclavos y abogó por la libertad de los mismos y anunció el Evangelio no solo en Santiago de Cuba, también en Holguín las Tunas y Camagüey, por eso los Obispos de Cuba lo hemos declarado patrono de los catequistas y misioneros.
El 28 de octubre también celebraremos la fiesta de san Judas Tadeo, uno de los doce apóstoles de Jesucristo, a quien invocamos como abogado de las causas imposibles.
Que los bendiga Dios todopoderoso
+ Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.
Nuestra Señora del Rosario, alcánzanos la paz.
San Judas Tadeo, ruega por nosotros.
San Antonio María Claret, ruega por nosotros.
Feliz domingo.
Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara
