Homilía del P. Rogelio Deán Puertas, párroco de El Cobre y Rector del Santuario Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 31 de mayo de 2026: Solemnidad de la Santísima Trinidad

“Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso” Daniel 3, 52

Mis hermanos,

Como decíamos, la Iglesia Católica Universal hoy está celebrando a las Santísima Trinidad. Esta celebración es un llamado de Dios a vivir según su estilo. ¿Cuál es el estilo de vida de Dios? Un estilo donde se vive en unidad, donde hay una armonía, pero donde también hay vida de comunión, donde también hay diversidad. Qué bueno cuando nosotros nos damos la oportunidad de ser en verdad Iglesia, y permitirnos vivir como Dios quiere, como nos enseñó a vivir, o sea, en comunión.

Uno de los grandes problemas en nuestra historia nacional cubana precisamente ha sido, desde hace mucho tiempo, las grandes diferencias entre los cubanos. Eso duele. Duele mucho esa desunión, esa confrontación, esa exaltación de la soberbia ha llevado a nuestro pueblo a sufrir mucho, a vivir dividido. Hoy después de vivir el día de Pentecostés, el pasado domingo, en que recordamos el nacimiento de la Iglesia, y en que recibimos la fuerza del Espíritu Santo, hay un llamado en la palabra de Dios a vivir en el amor y en la paz que viene de lo alto. No se puede vivir sin amor, no se puede vivir sin paz. Necesitamos el amor y la paz.

A veces el sentimiento de la justicia a lo largo de la historia, nos ha llevado precisamente a un enfrentamiento estéril que no conduce precisamente a una renovación, a un futuro anclado en el amor y en la paz. La justicia si no nos lleva al amor y a la paz, nunca será una auténtica justicia. De hecho, el apóstol San Pablo en su carta a los Corintios, nos habla de una alegría asociada precisamente al amor y a la paz. Qué importante para un cristiano estar alegre.

Y, sin embargo, sabemos que en nuestra tierra cubana hoy en día hay tristeza. Es evidente que hay tristeza, que hay dolor, que hay agobio, que hacen falta nuevos horizontes, nuevas perspectivas donde podamos recuperar esa alegría que nos ha distinguido como pueblo, como cubanos. Esa alegría ciertamente necesita estar anclada en la fe. Toda alegría que no esté anclada en la fe, es una alegría variable, es una alegría momentánea, es una alegría temporal que pasa.

¿Cómo? Es interesante cómo los santos en medio de tantos martirios y dificultades, se les veía alegres. Y esto puede resultar una contra lógica desde el punto de vista humano, es decir, ¿cómo se puede estar en circunstancias difíciles alegre?, como los muchos grandes santos de la historia del cristianismo iban al martirio alegres; claro, porque hay una alegría que no depende de las circunstancias que me rodean. Las circunstancias influyen y mucho, pero ciertamente en mi vida mando yo, en mi interior decido yo. El nivel de fe, de vida en el espíritu, lo decido yo dentro de mí. Y evidentemente, o sea, yo también soy dueño de mis esperanzas.

Por eso tenemos que estar claros en quién nosotros depositamos nuestras esperanzas. Esa persona existe y tiene un nombre, es Jesucristo. Por eso en el evangelio se nos habla de salvación y de condena. Hay salvación cuando yo le creo al Señor. Evidentemente creer en tiempos duros, de dolor, es difícil. Es un reto. Es un reto cuando yo, o sea, decido creer a pesar que las circunstancias, que el ambiente que me rodea me invitan a todo lo contrario, o sea, me invitan a no creer.

Y en el Evangelio Jesús es muy claro, si crees en Él hay salvación, hay cambio, hay novedad, hay felicidad, hay alegría; no crees en Él, entonces hay condena. Es claro. ¿Por qué caminos yo decido llevar mi vida? ¿Por los caminos del amor, por los caminos de Dios o por los caminos del odio? A veces el odio puede arraigarse, hacer tienda en nuestro corazón, y puede destruirnos. Tenemos que estar vigilantes. El odio es sutil y va causando mella. Nos va enfrentando los unos a los otros, y nos va alejando de esa comunión que es el estilo de Dios, que es lo que quiere Dios para nosotros.

Qué bueno que nosotros busquemos bendición en el Señor. Nos hace falta bendición. En los momentos que vivimos hoy en Cuba, nos hace falta mucha bendición de parte de Dios. Pero también nos hace falta docilidad para recibir esa bendición, para recibir el mensaje de Dios a todos los cubanos, donde quiera que estemos, todos hijos de la Santísima Virgen de la Caridad que quiere juntos a sus hijos. Y qué bueno que, desde este Santuario, la casa mayor de la Madre de todos los cubanos, estemos orando siempre, lo vamos a seguir haciendo, por la unidad de todos los cubanos. Por el amor entre los cubanos. Para que desaparezca la soberbia, las autosuficiencias, los deseos de poder que nos hieren, y que podamos dialogar y entendernos. Necesitamos entendernos. El entendimiento a veces no puede ser dilatado. El entendimiento urge, para que de verdad podamos ser felices viviendo en comunión.

Que nuestra Madre, la Virgen de la Caridad hoy, día de la Santísima Trinidad, siga intercediendo, para que de verdad podamos vivir el don de la comunión, de ser uno en la diversidad. Que así sea.

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