“El que pierda su vida por mí, la encontrará» Mateo 10, 39
Hermanos,
Estoy seguro que esto que voy a decir mucha gente lo hace, pero quiero recalcarlo. Si verdaderamente queremos seguir a Jesús, queremos encontrar sentido a la vida, fíjense que no hablo ya así desde un punto de vista religioso, porque el buscar sentido a la vida lo mismo lo hace un creyente que un no creyente. Pero si queremos descubrir el sentido que tiene la vida, hermanos, acerquémonos a la palabra de Dios. Esa palabra del Señor que fue escrita porque inspiró a unos hombres, que tuvieron una experiencia de salvación en la que el Espíritu Santo los iluminó para que nosotros la tengamos.
Rapidito. La primera lectura del libro de los Reyes, del segundo libro de los Reyes y viene con un pasaje de profeta Eliseo. Un pasaje sencillo, pasaje que no tiene mayor connotación. Simple y sencillamente Eliseo pasaba predicando, Eliseo tenía fama de santo o de hombre de Dios, y cuando pasaba, pues se quedaba en casa de una familia. Una señora con su esposo lo acogían a él, parece que ese era un itinerario que él tenía. Y la señora pues queriendo tener a un hombre bueno y santo en su casa, le dijo al esposo, vamos a prepararle un lugar decente, vamos a decir así, por lo menos que pueda dormir, descansar en el largo camino que tenía, que recorría predicando la palabra del Señor y vamos a tenerlo aquí en la casa. Entonces así se hizo.
Y el Eliseo empezó a ir allí, a vivir allí cuando pasaba. Pero un día él mismo dijo, hay que ser agradecidos hermanos, ésa es una característica de una persona buena y digna, de un caballero, de una dama, ser agradecidos. Y le dijo, nada menos que el profeta preguntándole a un niño, “¿qué podemos hacer por esta familia?» Y el niño, con una sabiduría tremenda, le dijo, «Ellos son mayores, no tienen hijos”. Y el profeta dijo, «Cuando pase por aquí, tú tendrás un hijo”.
Es decir, es un pasaje sencillo, pero un pasaje que habla de la bondad del corazón de Eliseo, de la sabiduría de Eliseo, y de la bondad y el corazón de esta familia. Eso es lo que nos dice, ¿enseñanza?, cualquiera la puede coger. Tenemos que saber acoger a todas las personas, sobre todo aquellos que son personas de Dios, que nos hablan de Dios. Eso es lo que nos quiere decir.
El salmo va en la misma línea, es decir, el agradecimiento. “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”. El salmo siempre va asociado en el tema a la primera lectura. Aquí se habla de la misericordia de Dios y de la bondad de las personas, y el salmo va en esa misma dirección. “Cantaré eternamente las misericordias de Dios”, y cada uno de nosotros tiene motivos, si los busca, para encontrar lo misericordioso que Dios ha sido con él.
La segunda lectura es preciosa, pero es de una fortaleza tremenda. “Los que fuimos sumergidos por el bautismo en Cristo Jesús, fuimos sumergidos con Él para participar de su muerte”. Fíjense bien. Ya sabemos que el bautismo es sacramento de vida y, sin embargo, él dice hemos sumergidos en su muerte, pero sigue diciendo después, pues “al ser bautizados fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte, a fin de que, al igual que Él que fue resucitado de entre los muertos por la gloria de Dios, también nosotros caminemos en una vida nueva”.
El bautismo nos une íntimamente a Cristo, nos hace hijo de Dios Padre en Cristo Jesús. Es un sacramento que marca nuestra vida indeleblemente. El bautismo no se borra. El bautismo nos compromete, y nos compromete a nosotros para hacer y vivir lo que significa el bautismo, y también Dios queda comprometido con nosotros que somos su pueblo.
Por eso es que, en el pequeño párrafo, la antífona que siempre leemos en el aleluya lo que nos dice hoy, fíjense lo que nos dice, «Ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada. Proclamen entonces las maravillas del Señor”. Es decir, están comprometidos nosotros porque somos elegidos. Esa palabra, elegido, la hemos escuchado muchas veces en los domingos anteriores. Hermanos, sintámonos elegidos por Dios. No solamente creamos en Dios, sino sintámonos elegidos por Dios, porque lo somos. Y qué bueno es haberse elegido. Qué bueno es saber que tengo un Padre que me ama, mi Padre, ese que me dio la vida aquí en la tierra. Qué es bueno saber que me ama. Qué es bueno saber que Dios me ama y que soy elegido.
Fíjense bien, como son lecturas que nos van como preparando, nos van, así como preparando para ir al evangelio. Y yo en el evangelio quiero buscar un versículo que para mí es clave en todo. Dice así, «El que procure salvar su vida la perderá, y el que la pierda por amor a mí la hallará”. Esa es la clave, buscar la vida. Aquí se refiere buscar esta vida. No la vida eterna. Porque este pasaje del Evangelio, comienza con unas frases muy duras. Creo yo que este es el versículo clave, fundamental. Porque cuando habla de la vida, habla de esta vida por la que nosotros luchamos todos los días, de esta vida, esta vida que se acaba en el tiempo. Pero aquí el Señor nos está hablando de la vida eterna que nunca se acaba. Es la vida a la que todos aspiramos, porque todos queremos tener una vida plena aquí en la tierra. No creo que haya nadie que no quiera, porque ese no está entonces bien. Todos queremos tener la vida plena aquí en la tierra.
Pero el Señor nos dice, no, aquí en la tierra es difícil. Entonces el comienza, esta parte la comienza de una manera muy dura, con frases duras que nos hacen pensar y que nos hacen decir, esto es muy duro. Lo que el Señor nos dice. “No es digno de mí el que ama a su padre y a su madre más que a mí”. Fíjense, eso es duro. ¿Eso qué significa? Ustedes saben lo que significa, claro que todos sabemos. Amar a papá, no, amar a Dios más que a papá y a mamá. En primer lugar, el que piensa así, también no conoce a Dios. Porque precisamente Dios que es amor, nos ha dado un padre y una madre para que, por amor, nosotros vengamos al mundo.
Pero Jesús es un Maestro. Y ustedes saben que los maestros a veces que tienen que decir cosas fuertes para que los alumnos capten la atención. Y Él subió la varilla. Como en las competencias que el que salta cada día van subiendo la varilla. Él subió la varilla. ¿Qué es lo que nosotros más amamos? Nuestra vida, a nuestro padre y a nuestra madre, que somos capaces de dar la vida por ellos. Él subió la varilla hasta el máximo, hasta el máximo. “Pues el que ame a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí”. Yo me imagino que todo el mundo cuando oyó aquello dijo, «¿Cómo?» Sí. Porque el Señor sabe, que amándolo a Él por sobre todas las cosas, así nosotros en ese mismo momento comenzamos a amar a todos, y amamos a nuestro padre, y a nuestra madre como con el máximo amor que podamos dar. Eso es lo que nos quiere decir.
Y nos quiere decir no pierdan la cabeza luchando por alcanzar esta vida, que ustedes saben que pasa en el tiempo. No es que no luchen para vivir aquí en la vida lo mejor que se pueda, porque eso es lo que el Señor quiere, que seamos hermanos, y nos ayudemos, y que todos prosperemos. No, lo que quiere decir es que nosotros no pongamos todo nuestro esfuerzo en esta vida, porque en primer lugar pasa, y en segundo lugar siempre hay insatisfacciones. Hay gente que pone su confianza en el dinero, pero saben que hay insatisfacciones, porque quieren más. Hay gente que pone la confianza en el poder, y hacen mucho daño cuando por el poder se creen que tienen derecho a hacer cualquier cosa. Hay gente que pone mucho empeño en conseguir a una compañera, o la mujer o un compañero, eso es lo máximo, y sabemos que no es así. Que puede ser un compañero, una compañera para toda la vida. Pero sabemos que no es así. Hay que buscar las cosas que duran para siempre, la verdad, la vida que el Señor nos da.
Entonces, este texto es para decirnos, «hermanos, sean capaces de dar todo, de vivir siempre en el amor de Dios”. Eso es lo que nos está diciendo Él. Y para eso tienen que saber renunciar y para eso tienen que decir, «no es digno de mí, el que no toma su cruz para seguirme.» Porque Él sabe que buscar el bien mayor, que es Cristo, que es Dios, eso trae cruz. Como se la trajo Jesús. Eso trae cruz. El domingo pasado hablábamos como Jeremías, era el profeta aquel que hasta quisieron expulsarlo, hablaban mal de él un hombre santo, sabio, criado en el templo. ¿Y por qué? Porque predicaba la palabra de Dios. “Dichosos aquellos que por mí sufren”. Eso dice la obra de la bienaventuranza.
Entonces el Señor lo que nos está diciendo aquí, hermanos, estén dispuestos siempre a seguir la voluntad de Dios. Háganla siempre, no se dejen llevar por cantos de sirena, o por caprichos, o dándole valor a las tantas cosas que sabemos que pasan y que en el fondo no nos satisfacen, nos alegran momentos, pero después saben que pasan y perecen en la vida, y quedamos entonces muchas veces insatisfechos. Mejor dicho, qué tristes aquellos que solamente piensan en lograr todo aquí en la tierra, ya sea dinero, ya sea poder, ya sea sabiduría, ya sea prestigio. Qué triste que piensan que la vida es así, sabiendo que todo eso pasa.
No nos dejemos llevar por las maravillas que se nos presentan muchas veces o por las promesas que se nos hacen. No, vamos a tener un paraíso aquí en la tierra, mentira, todo eso. Ese paraíso en la tierra jamás, nunca se ha visto. Podemos tener más justicia o menos justicia, pero vivir en plenitud el amor de Dios, que es el bien mayor, solamente en el Señor Jesús. Y desgraciadamente muchas veces nos dejamos llevar por esas palabras y abandonamos a Dios, porque hay veces que se lo han puesto casi como condición el dejar amar a Dios para lograr un paraíso en la tierra. Eso es a lo que el Señor nos llama. “El que procure salvar su vida la perderá y el que la pierda por amor a mí la hallará”.
¿Qué es lo que hay que hacer? El que reciba un profeta porque es profeta, recibirá el premio. El que lea recibe a ustedes, a mí me recibe. El que recibe un hombre bueno por ser bueno, recibirá ¿Dónde? Aquí en la tierra, al contrario. A lo mejor aquí en la tierra tú haces una buena obra y te critican por eso. No. ¿Dónde podemos alcanzar la perfección? Allá. Lo mismo, “el que dé un vaso de agua fresca a uno de los míos porque es discípulo mío, yo le aseguro que no le da con recompensa”. Y eso se completa con los mandamientos. “Ama a Dios por sobre todas las cosas y ama a los demás como a ti mismo”. El Señor nos pide eso, hermanos.
Esta lectura es una guía para vivir todo esto. Si fuiste bautizado en Cristo fuiste bautizado en el amor del Señor Jesús. ¿Tienes que morir a qué? Al pecado. Tienes que morir al egoísmo. Tienes que morir a la prepotencia. Tienes que morir al orgullo. ¿Para qué? Porque si Cristo murió en la cruz por mí, yo ofreciéndome también, viviendo según la palabra de Dios, también alcanzaré la resurrección.
Hermanos, que Dios nos ayude así a vivir así, pero pensemos en eso. ¿Amo yo a Dios por sobre todas las cosas? ¿Estoy dispuesto a renunciar a tantas cosas por amor a Dios? ¿Estoy dispuesto? Que el Señor nos ayude, porque somos frágiles. Ustedes y yo muchas veces nos apartamos de esto. Somos frágiles, pero pidamos al Señor que nos mantenga firme en él. Que el Señor nos ayude a todos a vivir así.
