Queridos todos: Conviene explicarles que la cizaña es una planta de aspecto muy parecido al trigo. La similitud de la cizaña con el trigo es tal que en algunas zonas suele denominarse “falso trigo”. Dicha planta es muy propensa a ser parasitada por un hongo tóxico que produce una sustancia venenosa que se acumula en el grano. Por ello, su consumo puede ser peligroso.
Como señala Jesús en el Evangelio recién escuchado, es difícil separar el trigo de la cizaña, ya que son tan parecidos que se corre el riesgo de arrancar el trigo bueno, al intentar eliminar la cizaña, por lo que se recomienda esperar a la época de cosecha para separarlas.
La lectura precisa que la cizaña fue sembrada por un enemigo del propietario del campo. El sembrar cizaña en campos de trigo era una práctica bastante usual en conflictos entre vecinos o enemigos. Tanto es así que hasta una ley romana de la época contemplaba la siembra de cizaña en el campo de otra persona como algo castigado por las autoridades.
Eso explica también la sorpresa de los siervos que, un buen día, descubrieron el campo de trigo cubierto con esta planta nociva.
El Señor dice que el campo es el mundo y el enemigo el diablo. Sin caer en el pesimismo, podemos afirmar que lo comprobamos prácticamente a diario en la mayor parte de los países. Pero esa explicación no excluye otra un poco más personal, en la que el campo es nuestra alma. Dios siembra en ella su gracia y el diablo la cizaña, los malos deseos.
¿Qué hacer? En el terreno personal, es sin duda alguna indispensable reaccionar lo antes posible, sin esperar el fin de los tiempos. Lo que exige una de las prácticas de piedad que se ha vivido siempre en la Iglesia: el examen de conciencia. ¿Su objeto?: a la vez los temas personales y nuestra responsabilidad en la marcha de los asuntos del mundo en el que vivimos.
¿Qué enseñanzas tiene esta parábola de Jesús?
-Que dividir el mundo entre personas buenas y personas malas no es correcto. No hay nadie tan malo, tan malo, que no tenga nada bueno, ni hay nadie tan bueno, tan bueno, que no tenga nada malo.
-Que la línea que divide el bien del mal no pasa por ningún país, provincia, familia, reparto, sino por el corazón de cada persona.
-Que nos tendremos que acostumbrar a que existan al mismo tiempo en nuestro mundo el bien y el mal.
-Que, como enseña San Pablo en su carta a los cristianos de Roma (12, 21) “no debemos dejarnos vencer por el mal sino vencer el mal con el bien”.
“Sembrar cizaña” ha quedado en nuestra manera de hablar como la expresión que significa sembrar discordia, crear desacuerdos entre personas. Es un pecado muy feo y que hace sufrir mucho a los demás, o sea, a los que sufren las mentiras de un cizañero.
