Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río, el III domingo de Pascua, 4 de mayo de 2025

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz,  pastor de esta diócesis vueltabajera.

Acabamos de escuchar una nueva aparición de Jesús, esta vez terminada la noche y el trabajo. Jesús se manifiesta como día y recompensa. Con la presencia de Jesús amanece y la red se llena de peces.

Después vendrá la palabra, el almuerzo, el compromiso de amor. Después vendrá el seguimiento y la misión.

La experiencia luminosa de Dios suele ir precedida de noches oscuras, muy oscuras. No se llega a la cumbre sino después de desearlo mucho y después de superar cantidad de obstáculos y cansancios.

En la narración evangélica, la nueva aparición de Jesús se enmarca en la noche y en el mar, que tienen una lectura negativa. Negro sobre negro, los siete discípulos, después de prolongada fatiga, nada han cosechado. Nada.

La noche significa oscuridad, el poder de las tinieblas, el reino de las mentiras y traiciones, la duda y la ceguera.

El mar significa dificultad, peligro y muerte. Es veleidoso, es imprevisible, sus olas pueden enviarte a los abismos.

Vacío, es el fracaso y la pobreza, la constatación de la incapacidad humana; además del cansancio es la derrota moral.

¿Hemos probado alguna vez los miedos, las dudas, los cansancios nocturnos? ¿Te han hundido los fracasos humillantes? ¿Te has sentido enteramente inútil? ¿Ha sido o sigue siendo larga la noche?

Las noches pasan, siempre pasan, aunque se hagan interminables. No sólo pasan, sino que hacen madurar y aumentan la capacidad.

La noche purifica. La noche ilumina tu verdad. La noche te convence de tu nada, enciende el deseo y la esperanza. La noche te obliga y acostumbra a orar, te enseña la paciencia, te ejercita en la escucha y en la búsqueda, te empuja hacia delante. La noche te capacita para ser amado y para amar.

La presencia de Jesús junto al lago de Tiberíades coincide con el amanecer. Tenía que ser así. Se dio a conocer por la palabra y la pesca. Jesús es  buen pescador, y entiende los secretos de la mar y de las olas. El que convirtió el agua en vino, el que multiplicó los panes, el que caminó sólo sobre las aguas y calmó la tempestad, ahora regala a los discípulos una buena redada de peces. Pero todos estos signos de Jesús tienen varios niveles de lectura.

La pesca está apuntando al trabajo evangelizador. Un trabajo que ha de contar con la presencia de Jesús porque, “sin mí, nada”.

La abundancia de peces está significando a la Iglesia, llamada a crecer en todos los pueblos, llamada a salvar a todos los hombres, llamada a unir a todas las razas y culturas.

Jesús no era reconocido a la primera. Se interponía la duda, el miedo, el ropaje o el personaje. A veces se tarda en reconocer, como los de Emaús. Siempre las verdaderas experiencias de Dios dejan certeza, pero no matemática, sino moral, lo cual origina no pocos problemas.

Juan reconoció al Señor, el primero, no tanto por la figura, sino por los signos. Tenía mucha fe, más que los demás. Cuando llegó a la tumba vacía, vio y creyó, antes que Pedro. Por su mayor fe va siempre delante. No le hace falta preguntar nada, lleva a Cristo en su mente y en su corazón.

Así deberíamos de ser nosotros, reconocerlo siempre. Sus presencias son muy variadas. ¿Somos capaces de reconocerlo a la primera? ¿A la segunda? ¿Tal vez a la tercera? ¿Por qué? ¿Cuáles son las palabras o signos que te convencen de su presencia?

A través de estos encuentros con Jesús se empieza a constituir la Iglesia. En estos encuentros pascuales hay Eucaristía y hay Iglesia, está Cristo resucitado y hay hombres resucitados, hay Palabra y hay pan partido, hay fe y hay amor, hay comunión y hay entrega. Eso es la Iglesia, eso es la Eucaristía.

Después de comulgar, Jesús nos examina sobre el amor, nos encomienda la tarea. Según sea tu amor, así será también tu misión.

Pedro alcanzó sobresaliente, por eso mereció la responsabilidad sobre toda la Iglesia, apacienta mis corderos y mis ovejas. Hablamos del primado, pero desde el amor, en el amor y para el amor.

El seguimiento hasta el fin, “tú sígueme”, hasta la entrega total, hasta la cruz: “extenderás las manos”.

No son imposiciones a contrapelo, son aplicaciones del amor, consecuencias del amor más grande.

Confiesa también tu amor a Jesucristo. Después, nada: déjate llevar del amor.

Que María de la Caridad, ponga a Jesús en nuestro corazón.

Un comentario sobre “Mensaje radial de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río, el III domingo de Pascua, 4 de mayo de 2025

  1. Neidys Gusto en saludarte GRACIAS!!! SANTO Y FELIZ TIEMPO PASCUAL AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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