Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 22 de febrero de 2026: I Domingo de Cuaresma

«Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él solo darás culto” Mateo 4, 10

Hermanos,

Hemos comenzado el tiempo de Cuaresma. El miércoles pasado los que pudieron, y a lo mejor algunos que casi no podían, pero hicieron el esfuerzo, fueron al templo a recibir la ceniza. No cabe la menor duda que es un gesto exterior, pero significa mucho. La ceniza es un signo que no es agradable a los ojos. La ceniza no se parece en nada al maquillaje que usan las esposas, las niñas, nuestras mujeres ¿Qué significa eso de entrada? ¿Qué significa? Que es un tiempo de no buscar las apariencias, porque las apariencias hay veces que engañan, sino buscar el interior.

Y por lo tanto esa cruz de ceniza nos dice, «Cristo murió en la cruz por mí”. Y además me dice, lo demás es secundario, lo importante es eso. Estamos en el primer domingo de Cuaresma. Las lecturas siempre del primer domingo de Cuaresma, todos los años y es una realidad que no se agota, lo que expresa el Evangelio de las tentaciones. Es decir, su Jesús sufrió las tentaciones. Son tres, pero en esas tres están, podemos englobar todas las tentaciones.

La primera, la tentación de las necesidades inmediatas del hombre, la comida, la casa, el transporte, esas cosas que son necesarias, y que hay que lucharlas y conseguirlas, que tiene que haber justicia y todo eso. Pero cuando todas esas cosas se ponen como absoluto, ahí es donde empieza. Se le presentan todas aquellas aquellos manjares, Jesús responde, Él responde “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Es decir, con la misma intensidad, con la misma constancia con que nosotros nos preocupamos por tener lo necesario para vivir, que en justicia tenemos que tener y cuando no lo tenemos es que, porque pasa algo, hay una injusticia metida en el medio. Pero eso no se puede convertir en lo más grande de la vida. Eso es necesario como tantas cosas. Es importante, importantísimo. Pero el Señor recuerda, no se queden en las cosas, acuérdense de la ceniza con las apariencias, no se queden en las cosas, sino que a partir de las cosas busquen la realidad superior, el sentido de toda la existencia, y el sentido de la existencia lo da la palabra del Señor, el mismo Cristo que vino a revelar al Padre.

Es una tentación que todos tenemos, ¿eh? Tenemos cosas y queremos tener más. Y eso es malo, en el fondo no. Pero dejamos entonces la palabra de Dios a un lado, ah, entonces sí. ¿Por qué? Porque la palabra es la que me dice el destino futuro, porque todo lo demás pasará, pero mi alma, mi vida no pasará, porque Dios la llama.

La segunda tentación. Lo sube al templo. Fíjense bien que todo es un relato, así como novelado, lo sube al templo y le dice, «Tírate, tírate. Y no pasa nada porque tú eres el hijo de Dios, tírate”. Te van a recoger los ángeles”. Hermanos, eso significa cuando nosotros queremos hacer de Dios una herramienta mía. Cuando yo quiero coger a Dios como capricho. Cuando yo quiero coger a Dios para que me resuelva mis problemas. Y pobre de aquel que utilice el nombre de Dios para hacerle daño a otra persona.

No usarás el nombre de Dios en vano. Eso es cuando nosotros en vez de decir yo sigo a Jesús porque es mi Salvador, el mismo Dios que se entrega por mí, ah entonces no, lo mío entonces es, Señor, que se resuelva mi problema. Es como los muchachos, cuando éramos pequeños, a lo mejor todos pasamos por eso, que estábamos en el pre, en la secundaria, lo que sea, y venían los exámenes entonces a rezar para que Dios nos ayude. Es decir, ese Dios que hace milagros a mi capricho. Y no el Dios que hace milagros en lo que verdaderamente me importa y me interesa. Además, el milagro es de Dios, es el que tiene poder no nosotros. No podemos utilizar a Dios. Entonces, cuando éramos muchachos, ay, a rezar, vamos a rezar porque el examen, y entonces la pregunta era, ¿y estudiaron? Esa era la pregunta. Seguimos mucho a Dios, así, Dios, ayúdame. Y le seguimos.

Entonces la tercera es, vaya es tremenda la tercera. Ya no solamente en el templo, que se veía Jerusalén, toda la comarca, el valle, sino en lo alto, en lo alto de todo lo llevó y le dijo, «Todo esto será tuyo. Todo será tuyo, sígueme”. Además, “te voy a ser jefe de todo esto”. Y el Señor le dice, ya ahí el Señor se incomoda. Y dice, «Apártate, apártate”. Fíjense bien, hermanos, que es la dinámica de la vida. Hemos leído este evangelio conocido, que se lee siempre el miércoles de Ceniza en los diferentes evangelistas. Pero la primera lectura hay veces que nos olvidamos, porque la primera lectura es del Génesis, el principio, por eso es que es tan importante la Cuaresma y el inicio de la Cuaresma y cómo tenemos que eh precisamente, tratar de vivirla desde el inicio, porque aquí está el sentido de la vida.

Dios, es el relato muy sucinto y muy historiado, narrado como una historia, como un cuento de la creación. Dios hace al hombre, bueno, con todos los atributos, inocente, no tenía el mal en la cabeza, solamente después es que se da cuenta que estaban desnudos, entonces empezaron los malos pensamientos. No, era el hombre así natural. Bueno, así lo hizo Dios.

Pero entonces se ve que viene el pecado, viene la tentación y de la misma manera que a Jesús después de cuarenta días sale y empiezan a tentarlo. El primer libro de Génesis empieza con una tentación. La tentación que también es muy novelada, el Señor le da toda la creación y pone dos árboles, un árbol que se pueden unir en uno solo. El árbol de la vida, y el árbol del bien y del mal. Fíjense bien qué significa eso. Que la vida y la muerte, porque si hablamos de vida, es de muerte también. La vida y la muerte están unidas al bien y al mal. Eso es lo que significa. Haces el bien, tendrás vida. Haces el mal, vendrá el mal y la muerte.

Eso es así. Entonces, la idea es por el pecado entró la muerte al mundo. Y más nosotros como cristianos que sabemos, que el mal daña físicamente al hombre, espiritualmente lo daña, el mal nos hace mucho daño, pero también el mal mata al hombre físicamente. Piense bien en dualidad, el bien y el mal. El domingo pasado, acuérdense que les dije que los domingos en misa son como una catequesis, ¿de qué se hablaba? De la libertad, y se decía que el Señor ponía entre los nosotros el bien y el mal, escojan.

Eso es lo que está diciendo aquí. El diablo se lo dijo a Jesús, «Mira, yo te doy todo esto, escoge”. Jesús dijo, “Apártate, Satanás”. Aquí también le pusieron a Adán y a Eva las cosas ahí, en la mano y ellos bueno, pues se dejaron seducir. No supieron decir como Jesús, apártate. No solamente eso, sino es que al final, cuando probaron de aquel árbol que estaba vetado, prohibido, lo probaron y dijeron qué bueno, tiene buen sabor y buena vista.

Hermanos, no hay que estudiar tanta psicología, ni tanta moral, ni tanta cosa, para darnos cuenta de que muchas veces nosotros nos dejamos arrastrar por el pecado y al final lo encontramos muy bueno, me resolvió. Fíjense la perversidad de las cosas. Entonces, comenzando la Cuaresma nos presentan las tentaciones, tanto al inicio en la creación diciendo que es la historia de la humanidad, no es un cuentico, no. Es la historia de la humanidad narrada de una manera anecdótica, para que todo el mundo lo pueda entender.

¿Y a qua nos lleve esa historia de la humanidad? A buscar a Dios. A volver de nuevo a Dios, porque el pecado nos aparta de Dios. Entonces, hermanos, así comenzamos la Cuaresma. En la oración de hoy, yo voy a pararme y voy a leer un pedacito de la oración que hemos pedido todos hoy. La oración que hemos rezado al principio dice así, que se nos quede esta petición y las consecuencias de ella. “Al celebrar un año más la Santa Cuaresma, concédenos, esta es la petición, Dios todopoderoso, fíjense bien, ¿qué pedimos?, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo”.

Es lo que hemos pedido, no hemos pedido que Dios haga milagros porque yo quiero que los haga para mí. No hemos pedido tener todo el poder que pueda tener una persona. Nos hemos pedido tener todas las cosas materiales que son necesarias para la vida, pero que no se pueden comer convertir en un absoluto. Hemos pedido avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo. Porque ese es el que si le da el verdadero sentido a nuestra vida. Los demás más pasa, esto no pasa.

Entonces, hermanos, de eso se derivan varias consecuencias. Una de las consecuencias es escuchar la palabra de Dios para conocer qué el Señor quiere de mí. La primera, “no solo de pan vive el hombre”. La otra es qué tengo que hacer con mi vida, ¿dedicarla a mí solamente o tiene que ser una vida en que me sepa dar a los demás en la medida de mis posibilidades? ¿Cuál puede ser mi vida? ¿Qué vamos a pedir? ¿Yo sentirme autónomo de tal manera que el bien y el mal lo decido yo, y no le dejo que Dios me diga nada? Para decirme, el bien va por aquí y el mal va por aquí.

Tontos somos.  Cuando nosotros creemos que nosotros tenemos la capacidad de saber discernir el bien y el mal, y entonces por ahí, si tenemos mucho poder llevamos a todo el mundo por ese camino, que nos lleva muchas veces al farallón. Eso es lo que el Señor nos dice. Busquen al Señor.

Para terminar, el Papa León y su mensaje, como todos los años los Papas hacen para que tengamos como unas orientaciones para la Cuaresma. Es bueno que ustedes, siempre repito, yo soy un propagandista, me van a decir eso, de YouTube y de todas esas cosas. Búsquenlo, porque vale la pena leerlo. Y ahora no hay papel aquí, así que no podemos imprimirlo. Búsquenlo. Lo pueden oír, los que no puedan leer bien y lo pueden leer lo que sí puedan leer bien. Entonces dice tres cosas.

Uno, en la Cuaresma vamos a decidirnos a buscar la palabra de Dios. Vamos a tratar de leer, buscar la palabra de Dios. Para eso se repartió el evangeliario, y para eso tienen internet para buscarlo y tienen otros libros. Uno, buscar la palabra de Dios porque es la que me dice dónde está el camino del bien, y es la que me da fuerza para decir como Jesús, «apártate, Satanás”, porque si no, nos dejamos llevar por el mal y nos come. Y hay veces que somos tan tontos que nos confundimos y decimos, “ay, qué bien”. Tonto, te estás labrando la condenación. Es así. Tenemos que ser fuertes en eso. Ya la primera, buscar la palabra de Dios.

La segunda, el ayuno. Pero no solamente el ayuno para quitarnos cosas. En Cuba estamos en este momento no para quitarnos comida, sino para que nos den comida o para nosotros trabajar la tierra para tener comida. Pero sí podemos quitar otras cosas. Muchas otras cosas. El tiempo perdido sin hacer nada. Cuando hablamos cosas innecesarias, y hay veces nos vamos y hablamos mal de los demás. Cuando no actúo como cristiano, si no que me dejo llevar por donde va el mundo, ahí voy yo. Cuando no busco a Cristo. Entonces, vamos a ayunar de esas cosas. Ayunar significa quitarnos, vamos a quitarnos de esas cosas.

Pero no es solamente para decir, «ay, ya yo me quité esto”. No, y entonces al yo quitarme las cosas, puedo descubrir a mi hermano que está del lado de allá. Y puedo decir, «me quito esto y en vez de hablar mal de él, lo que lo voy a saludar cuando yo lo vea”. Y así, cada uno puede buscar; parecen cosas que son muy sencillas, muy simples. No, hermano, son actitudes ante la vida. Ay, yo no voy a ver mucha televisión. Bueno, cuando la televisión sale la señal, ¿no es verdad? No voy a dedicarme ahí a ver la televisión. Ok, perfecto, un sacrificio de Cuaresma.

¿Y qué haces con tu tiempo? ¿Qué haces con tu tiempo? Entonces, ese tiempo que tú no gastas en ver la televisión, utilízalo en el bien. ¿Para qué? Mira, ponte a leer la Biblia, ponte a leer un libro, ponte a conversar de las cosas de Dios. ¿Por qué? Porque nosotros tenemos que avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo. Eso nos dice. Fíjense ya son dos. Buscar la palabra de Dios para que nos guíe. La otra, quitarnos lo superfluo e ir, a las cosas esenciales y buenas, mirando al hermano.

Y la otra dice, «buscar la unión”. Cuando nosotros buscamos la palabra de Dios y cuando nosotros sabemos utilizar nuestra vida, nuestro tiempo, nuestra inteligencia. Es como los mandamientos del Señor me lo dicen. Porque estoy ayunando a las cosas malas. Estoy diciéndole, no a Satanás. Entonces, el Señor dice, «Todo eso, hermanos, búsquenlo siempre procurando la mayor unidad entre todos”. Que todos nos sintamos hermanos, nadie es mejor que nadie, sino que todos necesitamos los unos de los otros, y todos necesitamos de Dios.

Eso es lo que el Señor quiere. Buscar la palabra de Dios, emplear nuestro tiempo, nuestra inteligencia en las cosas buenas, ayunando de las cosas malas. Y la otra, todo para que sirva para el bien de todos. Eso es lo que el Señor quiere. Eso es lo que el Señor nos pide. Para eso Cristo murió, porque si caminamos así haciendo el bien, vamos a oír lo que Isaías nos decía en domingos anteriores. “Anda en el bien y verás la luz de Dios brillando en tu corazón”. Eso es lo más grande. Que la luz de Dios brille en nuestros corazones. Vivamos esta santa Cuaresma así, hermano, vivámosla. Amén.

Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, en la Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 22 de febrero de 2026: I Domingo de Cuaresma

  1. Neidys Gusto en saludarte Estoy complicado con este cáncer, Si no recibes mas de dos semanas, cancele todo si no recibes estos correos. Pide por mi. SANTA Y FELIZ CUARESMA GRACIAS!!! AMDG Saludos René M Smith HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz Ese, que no cabe en lo máximo, habita en lo mínimo. Inscripción en la tumba de San Ignacio. Está citada por el papa Francisco en «Gaudete et Exsultate», 169, nota 124 “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49)..


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