“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor” Juan 14, 6
Queridos hermanos,
El domingo pasado se lo dedicamos al Buen Pastor, así mismo quiso Jesús que le dijeran, «Pastor”, el pastor es el que cuida, Él nos cuida a todos. El pastor es el que ama inmensamente y nos busca, cuando vamos por lugares extraviados, nos saca de ese lugar. Cuando vamos a caer, él nos sostiene, él nos levanta. El Buen Pastor siempre va a estar con nosotros porque nos va a indicar el camino correcto que siempre va a ser el camino para llegar a Él y para hacer siempre el bien.
Hoy Él dice que él es el Camino, la Verdad y la Vida. Así se autodefine el Señor Jesús. Es el Camino, por lo tanto, hoy tenemos que reflexionar por dónde ando. ¿Busco la gloria de Dios? ¿Por dónde camino? ¿Busco la satisfacción mía o la satisfacción del Señor que quiere que yo cambie, que yo sea mejor, que yo sea capaz de ayudar a los demás en estos momentos tan críticos en que vivimos, que yo sea capaz de levantar al caído, que sea capaz de ayudar de darme y de entregarme? Él es el camino. Así se autodefine. Tenemos que pensar por dónde vamos, tenemos que pensar por dónde caminamos, tenemos que pensar si vamos tras las huellas del Señor Jesús o vamos tras las huellas de otras cosas que no son de Dios.
Se autodefine como la Verdad. La Biblia dice que solo la verdad nos hará libre y la verdad es Él. Y la verdad está en sus palabras, por eso para nosotros conocer a Jesús tenemos que leer la Biblia, leer los evangelios, nadie conoce lo que no ama. Tenemos que aprender a verlo en nuestro medio de vida, en nuestro desarrollo, en nuestra casa, en todo lo que hacemos y todo lo que digamos que sea la verdad de Cristo, sea la palabra de Él, que irradie a los demás, que convenza a los demás por sus obras.
La verdad. Vivimos en un mundo que la verdad ha sido falsificada. Vivimos en un mundo que la verdad no se conoce profundamente. Solamente la verdad en Cristo es la verdad que nos satisface, es la verdad que nos ennoblece, es la verdad que nos afirma en la fe, y en la caridad, y en la justicia. Busquemos siempre la verdad también en su palabra. Su palabra nos alienta, nos transforma, nos purifica y nos da una nueva vida a cada uno de nosotros.
Vida, así también se autodefine Camino, Verdad y Vida. Vida, vida en Cristo. Vida que tengo que llevar a los demás también cuando están tristes, desalentados, desesperados, cuando están sin deseos de vivir porque le han quitado la esperanza. Vida, tenemos que aprender a dar vida y la vida se da amando, y la vida se da enriqueciéndonos de su palabra, y la vida se da buscándolo, a Jesucristo que es el único que nos da la vida, en un mundo en que vivimos que nada más que se habla de muerte. No queremos la muerte, queremos la vida.
Jesucristo venció a la muerte y nos da vida eterna y así él mismo dice, «Voy a prepararles un lugar”. Y el lugar que nos prepare Cristo es el lugar que nos tenemos que ganar con la unión a Él siempre, recibiéndolo en la Eucaristía, en la comunión y haciéndonos como sagrarios vivientes que llevamos su enseñanza por todos los lugares. Buscar a Cristo es buscar la esperanza, tan perdida que está la esperanza en estos tiempos. Buscar a Cristo es buscar la paz, por eso en este evangelio lo primero que dice es, «No pierdan la paz.» Y muchas veces perdemos la paz o nos hacen que perdamos la paz porque no vemos más que situaciones difíciles.
Tenemos que aprender a reconocernos como cristianos, a entender que tenemos que transformar el corazón de los que nos rodean, que tenemos que levantar al triste, al afligido, al desesperado, al que no tiene esperanzas y para eso tenemos que encontrar a Jesucristo. Él es el dador de vida. Jesucristo es el que nos alienta. Jesucristo es el que está con nosotros siempre y Él lo dice, «Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen, conocen también a mi Padre”. Tenemos que aprender a conocerlo, tenemos que aprender a conocerlo profundamente y tenemos que pedirle que transforme nuestro corazón, nuestra alma. Que cada vez haya una purificación interior, que tenemos que estar también constantemente en la oración, porque la oración es un diálogo de amor con Él y un diálogo de amor significa un diálogo del que más nos amó.
Mucha gente ha entregado la vida por un país o por un grupo, pero Él no, Él ha entregado su vida por todos y cuando ha entregado su vida nos ha dado la fuerza necesaria para poder seguir viviendo y para seguir encontrando en la vida la fe. Solamente la fe nos hace estar con Él. La fe nos va quitando las oscuridades que este mundo nos da. Felipe le dice, «Muéstranos al Padre”. Y Jesús le dice, «Y todavía no me conoces y todavía no me conoces”. Tenemos que aprender a conocer al Señor Jesús. Tenemos que aprender a seguirlo. Tenemos que aprender a adorarlo. Tenemos que aprender a darle a los demás al mismo Jesús. Tenemos que sentir que está en nuestro corazón que no nos deja de la mano.
Tenemos que sentir que nos está constantemente llenando de gracia, llenando de salud, llenando de fuerza, que en los momentos más aparatosos de la vida Él está con nosotros; que en los momentos más cruciales cuando parece que todo va de mal en peor, Él está con nosotros animándonos y buscándonos para ayudarnos a vivir mejor. En Jesús se encuentra la esperanza. En Jesús se encuentra el amor.
Recordar que el amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Llevemos ese amor de Dios en cada acto que hagamos. Llevemos ese amor de Jesucristo en nuestras vidas. Hagámoslo firme, hagamos cada día más firmes en la fe. Hagamos nuestro caminar con Cristo, hagámoslo cada vez más fuerte, y aprender a proclamarlo y a que los demás lo conozcan, y a que los demás lo amen, y a que los a los que los demás no pierdan la esperanza nunca en medio de este mundo tan difícil.
Que el Señor nos bendiga y nos ampare, y la Santísima Virgen de la caridad nos proteja a todos. Que Dios siempre va a estar con nosotros. Que Jesucristo siempre nos bendiga.
